Narra Lorenzo El punto de encuentro era una antigua terminal de carga abandonada en la frontera, un lugar donde el hormigón agrietado y el olor a herrumbre parecían absorber la poca luz que la luna filtraba a traves de las nubes. Me encontraba de pie en el centro de un hangar inmenso, sintiendo el peso del fusil en mis manos y el latido desbocado de un corazón que creía haber encontrado la paz en Maine. Frente a mí, a unos veinte metros de distancia y rodeados por una escolta que se movía con la precisión de espectros, estaban ellos. Alesso, con su rostro marcado por las cicatrices del incendio de Ontario y esa mirada de locura que el tiempo no habia logrado mitigar, y a su lado, la mujer que habia habitado mis sueños y mis culpas durante años: Bianca. Verla de nuevo, de carne y hueso, n

