Capítulo 5

2039 Palabras
Pov NICOLÁS HARRIS Aquello iba a ser divertido, fue lo que pensé cuando descubrí que precisamente la secretaria de mi hermano era la responsable de aquella cursilería. Me resultaba imposible creerlo o en caso contrario no me habría molestado en reunir a casi la mitad de los empleados para debatir aquello. Si mi padre se enteraba habría una bronca entre nosotros como casi siempre, pero Luis lo sabía, sabía que no perdería tiempo en hacérselo saber, menudo desgraciado, no lo aguantaba. Pero por fortuna para mí, tener una discusión con mi padre era lo más normal del mundo, aunque sin Daniel aquí sería totalmente aburrido. Llegué aquella mañana en la oficina de Daniel porque me lo pidió él mismo, necesitaba que hiciera algo por él. Entré en su despacho y me encontré con el cuaderno sobre la mesita de su escritorio. Me resultó curioso porque no pegaba con el estilo de mi hermano. Le eché un vistazo para asegurarme y precisamente me encontré con aquella cursilería. Desde el principio debí sospechar en la secretaria, ella era la que se encargaba de todo lo que tenía que ver con mi hermano en el lugar de trabajo, pero decidí descartar aquella idea por el simple hecho de que suponía que lo conocía lo suficiente como para cometer el gran error de enamorarse de él, era definitivamente imposible. Aunque estuviera muriéndome de las ganas de ver la reacción de mi hermano si le hablaba de mi hermano, no podía hacerlo, después de saber que se trataba de Ronnie o como fuera que se llamaba y después de que me suplicara que no lo hiciera, decidí no hacerlo, tampoco es que fuera hacerlo, solo quería conocer al atrevido. Pero ahora tenía algo con lo que divertirme, pensaba aprovecharlo al máximo y de paso hacerla entender a esa chica ilusa que yo también soy puedo ser perfecto, o mejor que mi hermano, bueno, refiriéndose a lo del trato con las mujeres. Ahora la tenía frente a mí, según su cuaderno, Daniel poseía una infinidad de cualidades que conseguía que se rindiera a él y se enamorada, quería saber que era aquello que tenía mi hermano que no tenía yo. Pero mirándola parecía que no la caía muy bien, todo lo contrario de las empleadas en este bufete, tal vez me haga el desinteresado, pero soy consciente de todo lo que pasa en esa compañía, y el hecho de que ella sea la única que encuentra defectos en mí lo hará muchísimo más interesante. Parecía que me la tenía jurada desde el día anterior cuando comenté que su nombre era de hombre, y es que lo era. Ya le daría un nombre digno para su personalidad y cuanto más lo odie mejor. Con el rotulador a mano, escribió al final de la lista: impertinente, fruncí el ceño confuso. —¿Es que estás insinuando que mi hermano es eso? —me miró con los ojos como platos. —¡No! —gritó como si hubieran mancillado a lo más santo del mundo. Me levanté y me acerqué a ella —Entonces debo explicarte que todo lo que hay apuntado en la pizarra es lo que ves en mi hermano, yo solo te estoy pidiendo que le des una X a todas las cualidades que crees que no poseo, y una V a las que sí crees que poseo. La sinceridad ante todo—le dije al oído y regresé a apoyarme contra la mesa para verla trabajar. Borró lo último que había escrito. Alzó la mano para indicarle algo al primer adjetivo, pero se paralizó al ver que la primera palabra de decía Atractivo. No pude evitar sonreír. —Tómate todo el tiempo que quieras, —le dije—sin prisas. Noté que tomaba aire antes de apuntar algo delante de la palabra, era una v muy pequeña, parecía un punto. Me acerqué de nuevo a la pizarra y fingí agudizar mi vista. —No sé, ¿parece un punto?, no lo tengo claro. ¿podrías hacerlo mejor? No quiero pensar que ahora también tengo el defecto de la vista borrosa. Noté cómo sus nudos apretaban el rotulador con fuerza mientras me mantenía la mirada. Regresó a la pizarra incapacitada de replicar y le puso una uve legible delante de la palabra atractivo. —Mucho mejor, ya ves que no era nada difícil. No se volvió a mirarme, la siguiente palabra apuesto le puso igualmente la v, lo estaba pillado. Tomé de nuevo el cuaderno en mis manos y dejé que continuara sin ser observada, suponía que le incomodaba más. Cuando regresé la vista de nuevo a la pizarra ella había acabado ya. No parecía satisfecha por su labor. Tomé el rotulador que me ofrecía y me acerqué a la pizarra, la miré confuso, había más adjetivos de los que recordaba haber registrado, los había añadido ella y solo con el propósito de añadirle una x. Me puse a reír por su gran ocurrencia. Leí detenidamente los adjetivos que había marcado con una x: —Cariñoso—la miré interrogante. —¿cómo sabes que mi hermano es cariño? —me miró y se puso colorada. —Pues...yo—estaba balbuciendo—le escuché hablar una vez con su esposa. —¿Es que lo espiabas? —¡Por supuesto que no! Nunca se me ocurriría. —De acuerdo, ya sabes que mi hermano es cariñoso por cómo le trata a su esposa—me acerqué a ella, me miró confusa—¿por qué estás segura de que no lo soy si nunca me has visto tratar a la chica que me gusta? —intenté tocarle el pelo, pero retrocedió. —¿Qué hace? —¿Lo ves? No me conoces en lo absoluto. —Regresé a la pizarra—¿Respetuoso? —pregunté, era otro de los adjetivos que había tachado con una x, tuve que mirarla—déjame adivinar, es por lo de ayer, por el simple hecho de que resaltara lo evidente, tu nombre es de hombre—por la forma en que me miraba al decir aquello me confirmaba lo mucho que le molestaba que dijera aquello. —¡Que es un diminutivo! —casi alza la voz. —Hey cálmate, yo simplemente opino que Maya me parece mejor nombre que Ronnie no sé qué—de pronto me estaba observando sorprendida. —¿Qué? ¿pensabas que no conocía a la antigua secretaria de mi hermano? —me acerqué frente a ella para añadir, —Para que veas de nuevo el mal concepto que tienes de mí injustamente. —atento había sido otro adjetivo que había tachado. —Al menos reconoces que tengo una sonrisa irresistible—le guiñé el ojo mientras le sonreía. La había dejado totalmente descolocada, no sabía qué decir, me sentía victorioso hasta que se abrió la puerta de la sala de reuniones. —¡Nicolás Harris! —éste era mi padre y el hecho de que me llamara por mi nombre completo significaba que me había metido en un lío y que estaba enfadado conmigo, nada del otro mundo. Me di la vuelta y no me sorprendió para nada verlo acompañado de Luis. A Luis no lo aguantaba por infinidad de razones, siempre intentó que a mi hermano no lo aceptaran en el bufete por su problema con las mujeres, evidentemente no lo consiguió. Intentó igualmente convencer a Sídney de alejarse de nosotros, y eso solo para fastidiarnos. Y ahora se consideraba el playboy de la compañía acostándose con cuantas podías, ese no era mi estilo, no iba a contar conmigo. Siempre intentando impresionarme con las cantidades de chicas con las que se acuesta, una vez hasta me hizo la lista. Menudo desgraciado, seguramente la mitad de las chicas en ese edificio habían pasado por su cama. Ronnie era nueva en la empresa y si no fuera porque acababa de descubrir que estaba colada por mi hermano, habría supuesto que también había sido víctima de ese imbécil, pero era demasiado pronto para estar seguros. —Me quieres explicar con qué derecho te atreves a convocar una reunión en un bufete en el que no tienes nada que ver? —Sí tengo mucho que ver aquí papá—dije sin preocupación alguna—. Pero quiero hacerte una pregunta, si me encontrara con un asesinato por aquí, ¿no tendría tampoco el derecho de convocar una reunión? Mi padre me miraba perplejo, me conocía desde veinticinco años y no quería conocerme, o quizás esperaba que cambiara algún día, no estoy muy seguro. —Solo dime por qué lo has hecho—intentó relajarse, aunque no me parecía que consiguiera el efecto esperado—por aquí no hay ningún asesinato. —Relájate papá, deberías agradecer que no—él desvió la mirada hacia Ronnie que parecía nerviosa, mi padre sabía dar miedo. —Es la secretaria de Daniel, estábamos resolviendo un asunto. —Creo que debería irme ya, si me lo permite—me miró esperando que le diera permiso. —De acuerdo, continuamos después. Vi cómo suspiraba aliviada, ya no tenía que estar conmigo. Miró su blog sobre la mesa y volvió a mirarme preguntándose si podía llevárselo. Yo solo negué con la cabeza. Les estaba haciendo un favor, si la veían con ese cuaderno todos sus esfuerzos no mantenerlo en secreto no habrían servido de nada. Pidió permiso y salió de la sala. —Hasta ahora no he obtenido la respuesta que espero. ¿A qué venía la reunión? —insistió mi padre. Me acerqué a él y no me di cuenta de que Luis se acercaba a la pizarra. —Papá, ¿de verdad me consideras capaz de convocar una reunión como la de hoy si no fuera por algo importante? —Esta es la pregunta más estúpida que he escuchado—contestó, no sabía si echarme a reír o debería dolerme. — Tú siempre haces las cosas como te placen y eso sin importar si tiene importancia, no entiendo por qué tu hermano tuvo que irse precisamente hoy, pero estás advertido. No se te ocurra bajo ningún concepto volver a convocar alguna reunión no autorizada por ningún superior en este bufete, ¿me entiendes? Ni mucho menos ligarte a nuestras empleadas. —fruncí el ceño y solté un bufido. —¿Ligar a vuestras empleadas? Por favor papá, estuve a punto de tomarte en serio hasta que has soltado eso, nunca se me ocurriría fijarme en vuestras empleadas, para eso tenéis a un experto. Me volví a ver a Luis detrás de mi observando confuso la pizarra. —No soy yo quien les pide a las chicas que lo adulen con palabras sensuales— me miró y sonrió. Me acerqué a la pizarra y borré todo lo que había escrito. —Eres un idiota. —Estás advertido Nicolás o me veré obligado a tomar otras medidas—me amenazó mi padre y salió de la sala. —Muy bien Nicolás, tú sigue siendo el centro de atención en un lugar de trabajo que no te pertenece. —dijo mientras caminaba hacia la salida. —Y tú sigue siendo el c*****o empedernido que eres, te queda como el guante a la mano. Así salió por la puerta con esa tonta risa en la boca. Estaba pensando en lo que me había dicho mi padre cuando de pronto sonó mi móvil, se trataba de Daniel, sonreí, él me había reanimado en cuestión de segundos. Iba a hablar con él pero no iba a contarle nada de lo que estaba pasando en su lugar de trabajo, todavía no. —Hola bro—saludé y escuchar la voz de Jessica me hizo saber que justo en aquel momento estaban los dos juntos. Pero me llevé una enorme sorpresa cuando me enteré que mi pequeña hermana estaba acosando a un hombre. ¿Por qué? Y lo peor de todo era que a ese tipo no le gustaba mi hermana, ¿es que estaba loco? ¿quién se había creído al considerarla insuficiente para él? ojalá lo conociera, se tragaría sus palabras, mi hermanita era un sol, una preciosidad a quien nadie merecía, ella era la que podía mandarlos a todos a la basura y no lo contrario.
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