Ese día en particular sentía un pequeño dolor en su pequeño, el cual no era nada de lo que debiera preocuparse, pero que sí le llamaba la atención. Sabía que Dongjunie se había ido a la casa de sus abuelos esa mañana, ya que su celo le había llegado y según el plan que se había mantenido, era que el castaño se iría para evitar cualquier peligro. Por lo que en ese momento estaba solo, terminando de ordenar las cosas que había utilizado en sus clases de tiro al blanco. ― ¿Se encuentra bien, príncipe? ―preguntó el maestro al ver que hacía una mueca al agacharse, preocupado. ―Sí, maestro. Es solo que me duele un poco el estómago, pero no es nada de qué preocuparse―le dio una sonrisa pequeña, porque no estaba del todo seguro, pero esperaba que no fuera nada de lo que alarmarse. ―Oh, lo buen

