H A N N A H B E N S O N :
Me senté frente a él, mientras sentía el corazón latiéndome con fuerza, recordé como me negué a venir aquí el día de hoy, y aun así me encontraba aquí, esperando que el psicólogo hiciera su magia, haciendo que mis problemas salieran de mi cuerpo, esperaba una acción mágica, un especie de momento perfecto en el cuál me daba cuenta que por fin me encontraba a salvo, no sabía con claridad que era lo que estaba buscando, pero esperaba que fuera algo completamente bueno.
— ¿Qué tal tu día de hoy?—, pregunto mirándome con detenimiento, por lo cual, simplemente me encogí de hombros—, Tienes los ojos hinchados.
— No me parece justo que le dijera a mis maestros lo que hice—, señale, para después mirar directamente hacía él—, Es poco ético, además que ahora me tratan diferente.
— No se enteraron por mi, solamente les pedí. que no te dejarán salir.
— Bien, pues es injusto, quiero sentirme como una persona normal, más no sentirme como si estuviera encerrada en una esfera de cristal—, señale, para después fruncir la nariz—, Me esfuerzo, así no llegaré a ninguna parte.
—Puedo levantar eso—, prometió—, Sólo, tienes que venir a las terapias, no importa en que momento quieras hablar, estaremos aquí hasta que tu te sientas lista, pero, no quiero que faltes a ninguna, y que seas consiente, que seré quien te ayude, no quien te hunda más.
— ¿No me obligará a hablar?—, pregunte confundida, por lo cuál una sonrisa pequeña salió de sus labios.
— Estaremos, hasta que te sientas bien, y quieras tocar los temas, mientras, ¿Quieres contarme como te fue hoy?—, pregunto a lo que negué, por lo cuál asintió.
— Podemos hablar de tus emociones de esta semana, ¿Sabes que hay más en ti?
— Enojo—, mencioné cerrando los ojos—, Enojo, y llanto, sobreviviré.
— ¿Qué haces cuando reinan en tu cuerpo emociones que no te gustan?—, indaga.
— Dormir.
— Hay ocasiones en las cuáles, evades tus problemas de ese modo—, notó, para después mirar hacía mi—, ¿Te gusta estar en casa?
— No—, dije, por lo cuál me miro atentamente—, mis padres caminan detrás de mi, esperando que cometa algún error, o que haga algo inapropiado, dejaron de confiar en mi.
— No creo que tenga que ver con la confianza—, aseguro. Acomodo sus lentes y me dio una mirada llena de comprensión—, Temen perderte.
— Quisiera tener mi vida, como antes—, susurré, a lo que el me dio una mirada.
Algo que había notado apenas vine hacía acá, desde la primera consulta, es que él no me miraba como si fuera un fenómeno, o una persona egoísta, había recordado como en el hospital, una enfermera decía que porque tratar con cuidado a una persona que había hecho eso, durante la estadía que estuve ahí—, junto con la recuperación—, ella no había hecho nada más que juzgarme, y hacerme sentir la peor persona del mundo, escuchaba como se quejaba con sus compañeros de turno conmigo, por el hecho, de que ella decía, que seguramente me merecía estar ahí.
— La acción que tomaste, no tiene porque definir tu vida, Hannah—, exclamo, quitándose los lentes—, Eres una adolescente, las personas, suelen creer que en esa etapa, no puedes tener problemas, pero es más que equivocado, se que una razón es la que te trajo a ti aquí—, se levanto para después tomar una fotografía—, Tus padres me dijeron que pediste ayuda constantemente, sabías que necesitabas, seguramente has tenido algo arrastrándote por tanto tiempo, no mereces ser juzgada por esa decisión, como mereces tener otra oportunidad.
Tome la fotografía que me dio, la había traído yo misma, como una tarea dejada por el.
— ¿Qué miras en esa fotografía?—, pregunta, por l0 cuál aparto la mirada—, eres tú a los 9, ¿Cierto?
Asentí—, Fue mi cumpleaños, mi madre había traído un payaso, y fue una fiesta inolvidable, ella era mi mejor amiga, fue un momento que recuerdo con felicidad.
— Pero rompiste la foto—, señalo, creí que no se notaría, éramos Andrea y yo, pero a un costado de mi, donde decía que la fotografía estaba rota, hacía falta alguien—, ¿Quién falta en la fotografía Hannah?
La mire, hacía falta aquel chico, que en un momento llegué a querer, podría decir, que todas las fotografías que tenía de ese entonces, con Andrea, estaba también Dylan, siempre estuvimos los tres, para todos, éramos siempre juntos, algo que creíamos que nada podría separar.
— Nadie, la foto esta, tal y como debería de estar—, solté, un poco brusca, a lo que cerré los ojos—, Andrea y yo, siempre seremos unidas.
— ¿Y él que falta en la foto?
— Nadie falta en la foto—, gruñí, podría decir, que una parte de mi quería tomar este momento como oportunidad, en la cuál pudiera decir, que quien faltaba en la fotografía, era Dylan, que había sido un patán, y que me había roto el corazón, la vida, y me había hecho una persona vulnerable—, ¿El dolor alguna vez se ira?
Mi pregunta pareció causar algo en el, me dio una mirada para después tomar la fotografía, no podía decirlo directamente, quería que él lo notará por si mismo, que viera que necesitaba ayuda, y que había una razón bastante fuerte por lo que yo me encontraba aquí en estos momentos, en realidad, si quería ayuda, y quería ver encerrado a ese patán, por el resto de su vida, pero, sabía que no me creerían, porque sabía como el lograba manipular absolutamente todo a su favor, porque esta vez, no sería la primera vez, que el me hiciera daño.
— El dolor sanará, y volverás a ser feliz.
D Y L A N C A R S O N :
— Necesitamos hablar—, espeto eufórica mi madre, por lo cuál subí el volumen de la música, logrando que ella desconectará esta—, Quiero saber, que fue lo que le hiciste a la hija de los Benson.
Me límite a rodar los ojos, para después levantarme de mi cama, sin embargo, mi madre, furiosa se interpuso en mi camino, haciendo que no pueda salir de mi habitación, yo no era mala persona, ni mal hijo, solo había cometido un par de errores, que seguramente harían que la vida de mis padres se fuera cuesta abajo, junto con la mía, si Hannah hablaba.
— ¿De que hablas?—, exclame, a lo que ella se sentó en su cama.
— No me contesta las llamadas—, musito bajamente—, Siempre íbamos a su casa los fines de semana, si quiera le dirige la palabra a tu padre él, en su trabajo...
— ¿Y por qué asocias que fui yo quien hizo algo?—, exclame, no había sido mi intención, en un punto, perdí el control, y la había dañado a ella, por lo cuál, no abría ni una sola oportunidad en la cuál me dejará arreglar las cosas.
— Él día de la cena de navidad, el día que escapo precisamente, fue porque peleo contigo—, frunció las cejas—, Estuvo desaparecida dos semanas, y cuando volvió, todos los lazos que teníamos con los Benson desapareció, tu padre podría perder su empleo. Además, de que Andrea estuvo aquí, con un chico que te golpeó con tal brusquedad, pareciendo que quería matarte... No quisiste levantar cargos... No se, habla ahora, antes de que sea demasiado tarde...
Aparté la mirada, para después soltar un suspiro pesado—, No puedo decirte, irás con ella, me entregarás...
— Así que es verdad—, susurró, con las cejas entre fruncidas—, Hace unos días, vino una chica pelirroja, diciendo que habías hecho algo atroz con ella... Y con Hannah.
Maldita Lizzie.
Antes de que pudiera decir algo más, me levante, con furia, escuche como la voz de mi madre me llamaba, pidiéndome que volviera, pero estaba demasiado molesto ante la situación, subí a mi auto, sabía en donde era que ella trabajaba, conduje, rápidamente, sintiendo como la ira solo lograba crecer en mi, con bastante coraje, apenas llegué a aquel restaurante de comida rápida, la encontré ahí, con ese gorro de hamburguesa en su cabeza, junto con un mandil amarillo mostaza, apenas me miro aparto la mirada, para después musitarle algo a la chica que estaba junto a ella.
Me acerque, para tomarla de su ante brazo, jalándola bruscamente, haciendo que pierda el equilibrio.
—¡Suéltame!—, exclamo, con enojo—, Dylan, para...
Apenas la saque del restaurante, noté como el miedo transitaba por sus ojos de modo violento, el lugar dentro estaba sólo, a excepción de la chica y el cajero, sin embargo, todos íbamos en la misma escuela, dudaba que salieran o dijeran algo, la recargue en la pared, para acercarme bruscamente hacía ella, notando como sus ojos se hacían pequeños ante el miedo.
—¡Por qué demonios le dijiste eso a mi mamá!—, reclame furioso, ella, bruscamente salió de mi agarre, para mirarme furiosa.
— Calle ya, demasiado tiempo—, exclamo, con ira—, Ya no lo haré más.