Michael salió del cuarto de baño, se sentía terrible, lo peor era que no quería ir al médico. Sí, tenía miedo, debía admitirlo con todas sus letras. Le preocupaba estar a un paso de la tumba, pues ya eran varios días de aquella manera y no era solo por las mañanas, sino que las náuseas lo asaltaban a cualquier hora del día, incluso en la noche, apenas y podía dormir. Se sirvió un vaso con agua y esperó a que el estómago se le asentara, agua era todo lo que podía beber sin correr al baño, pero sin excederse. Miró la hora en su reloj de pulsera y frunció el ceño. ¿Larissa habría ido a la farmacia por sus pastillas o las estaba fabricando? Se estaba demorando demasiado. Michael esperó un momento más, para su suerte, las náuseas le dieron tregua, se concentró en su trabajo, pero no fue por

