Capítulo 40

1273 Palabras

–¿Qué harás? –Le pregunté con miedo mientras él me movía como si fuera una muñeca de trapo. –Ya verás, mi querida y hermosa esposa. –Me regala un último beso metiendo su lengua traviesa dentro de mí, para dejarme con deseo mientras se quita su ropa interior, dejándome ver una enorme erección que se podía sentir palpitante por mí. Podía decir y confirmar, que mi esposo tenía el más hermoso m*****o del mundo. Era tan perfecto que, por un momento, solo deje caer mi cabeza sobre la cama, para admirar su belleza corporal. Sebastián hacía lo mismo, me miraba con deseo mientras se tocaba. Aferre mis dientes en mi labio inferior, viendo como su m*****o duro se movía entre sus manos, mientras yo trataba de cerrar mis piernas, que sentían placer al rozarse. –Se una niña buena. –Me dice con la

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