Los guardias nos acompañan en todo momento, al subir por el ascensor me puedo dar cuenta de la magnitud del edificio, ya que contaba con más de cien pisos, lo cual para ser sincera me asombró. Este era nada más y nada menos, que el imperio de mi esposo, lo cual me causaba un poco de temor, ya que no estaba acostumbrada a verme como la mujer de un hombre tan poderoso como mi esposo. Al llegar al piso cien, todo se vio un poco más claro para mis ojos. El piso era realmente elegante, contaba con enormes candelabros, pinturas famosas y hermosas pegadas en las paredes, al igual que contaba con personas hermosas. Las mujeres que trabajaban en el piso cien, eran tan refinadas y sexys. En realidad, llego un momento en donde sentí que estábamos más en la semana de la moda de París, que una oficin

