Intente dormir un poco, pero nada parecía hacerme sentir tranquila. Sebastián y su hermana me habían dejado completamente sola, así que eso dio pie a que mi mente se pusiera a pensar las mejores formas de fugarme de este hospital e ir en busca de mi marido, no fue hasta que un doctor entro a mi habitación, que deje de pensar en hipótesis sin sentido. –Ya a despertado. –Sonríe aquel joven doctor que entra a mi habitación, luciendo bastante fresco y joven. Parecía tener la misma edad que mi marido. –Soy el doctor Menéndez, te atendí cuando llegaste. ¿Ya te sientes mejor? –Sí, me siento mucho mejor. –Traté de sonreí falsamente puesto que no estaba bien, estaba consternada. –No se si tu esposo te comento, que casi tienes un aborto. –Hace una mueca. –Pero haciéndote los chequeos médicos apro
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


