El domingo, Marcos la llevó a las viñas y se entretuvo mucho mirando y recolectando uvas. También comiéndolas. Rodrigo, por otro lado, la miraba de lejos, la admiraba de lejos. Montado en su caballo, la buscaba para verla. Sabía que no podía seguir albergando sentimientos por ella, pero nadie tenía el control sobre su corazón y cada día lejos de ella, como mujer, sentía que moría un poco. A las ocho en punto del lunes en la mañana, Marcos llegó hasta la casa grande, Rodrigo le había pedido que los acompañara, así, irían donde el contador e iniciarían la demanda contra Hernán. Viajando por la carretera, Rodrigo miró a Marcos por el retrovisor de la camioneta en la que viajaban. ―¿Ya sabes que Victoria y yo somos hermanos? ―preguntó. ―Sí, me lo dijo Victoria el sábado. ―Y debes s

