Necesitó sentarse unos momentos y evaluar sus opciones, no eran muchas, claro está, pero debían ser dos o tres, por lo menos. ¿Ahora qué carajos haría con vaya a saber cuántas manadas pidiendo su cabeza? Una idea, una realmente muy estúpida idea, se le pasó por la cabeza. Bueno, era eso o dejarse cazar, y la verdad quería envejecer. Gracias, pero no. —Amor — dijo Bruno desde la puerta de la habitación—, aquí estabas. No te encontraba— susurró sentándose a su lado y atrayéndola a su pecho —. ¿Estás bien? — preguntó suavemente. —Me siento importante— dijo ella desde su lugar —. Seguro que el Consejo de Mierdas bailará sobre mi tumba — agregó dejando salir una risa afectada. Bruno la apretó más contra él. —Nadie te tocará un pelo — sentenció —. Eres parte de la manada ahora. Cló rio, rio

