CAPÍTULO SETENTA Y CUATRO Directamente al frente de la cámara de recreación había una pequeña cueva, de unos cuatro pies de ancho y cuatro de longitud, con dos pies en el suelo de la esquina desaparecidos. Nadie sabía lo profundo que era el agujero, pero en algún lugar en el pasado, alguien usó ese agujero como su dispensador de basura y vació sus ollas de recámara. Una vez, durante mis primeros meses como familiar de Remo, Angelina lanzó a un agente que la había molestado, tanto como para deshacerse de él como para ver si alguna vez volvería. Nunca lo hizo. Con la ayuda de Frizz, arrastré los cuerpos y las partes de los cuerpos al abismo sin fin, los tiré dentro. Se cayeron sin un sonido, como si nunca hubieran estado. Los únicos dos que no arrojé eran los que había convertido, y aún te

