CAPÍTULO SETENTA Y SEIS Son graciosas todas las pequeñas cosas que notas cuando estás muriendo, la forma en que un segundo se extiende varios momentos. El resplandor frío en los ojos de Rafael, la forma en que sus labios fruncieron cuando sacó la hoja, la breve duda cuando jadeó, se tambaleó y cayó de rodillas. La forma en que Zantry tropezó a pocos metros de distancia, jadeando para respirar. El bramido de la indignación de Remo, la furia en sus ojos. En algún lugar en la distancia, Logan gritó mi nombre. Remo levantó una mano y un pulso de energía blanca golpeó a Rafael, lo envió volando lejos. Se cayó, no soltó su espada, ahora recubierta con mi sangre. Mi pecho se contrajo, una ola de dolor sin diluir se extendía a través de mi torso. Jadeé por segunda vez. Rafael rodó a su lado y se

