Lo observé a los ojos mientras todos los presentes me miraban expectantes. Sé que cometeré un grave error al dejarlo ir, pero no puedo apagar su humanidad, no cuando la misma mujer nos trajo al mundo —Largo de mi casa —Sáquenlo —Ordenó —Ustedes largo, no deseo ver a ninguno. —El dolor me envuelve, pero anhelo ver a Kendra. —No vuelvas porque hoy te dejo vivir, pero ten presente que no habrá una segunda oportunidad, no te acerques a mi mujer. —Exclamó con voz severa, no demuestro el dolor que realmente siento en mi espalda. Sus carcajadas retumban en mis oídos. —Imbécil eres débil, no mereces estar aquí ¡Cobarde! Esperaré a que te cases y al matarte, consolaré a tu viuda. —Observo cómo es arrastrado, mientras lucha por soltarse. Subí en busca de Kendra mientras todos salían de mi propieda

