RELATO 1: Un invitado en casa.
Simon llevaba aproximadamente dos semanas viviendo con ellos. Dos semanas en las que él se había encargado de darle sexo salvaje a Camila cada vez que tenía la oportunidad.
Lorenzo pasó por alto cada uno de los detalles en los que Camila se veía más radiante, más… s****l. Finalmente, él continuaba con su misma postura, dejándola a ella como al final de su lista.
La rutina ante los demás, ante su familia, para ella, seguía siendo igual.
Un ama de casa que aparte de hacer sus cosas normales, disfrutaba del invitado en su casa.
Camila estaba en la lavandería, tratando de doblar sábanas a la luz de una vela, cuando sintió la vibración de los pasos de Simón detrás de ella. No se giró. Sabía que era él por la forma en que el aire se cargaba de estática… se cargaba de excitación.
Él se acercó y soltó el cordón del vestido que ella tenía, en la parte de atrás.
—Te ves candente… y yo quiero mi dosis diaria de placer —ella soltó una risa jocosa.
—Lorenzo sigue en su habitación, aún no —ella respondió con una risa jocosa.
—Lorenzo se fue —la interrumpió él, acortando la distancia hasta que el pecho de él rozó la espalda de ella—. Y aunque aún estuviera, no te miraría como lo estoy haciendo yo.
Simón puso sus manos en la mesa de doblado, rodeando el cuerpo de Camila, atrapándola entre la madera y su torso.
La mano de Simón comenzó a subir por las curvas de Camila, llegando hasta su piel desnuda luego de soltar por completo la tira de su vestido.
Inhaló el aroma que ella emanaba en su cuello. Camila pudo sentir como el bulto en los pantalones de Simón le hacía presión en su trasero.
—Mírate —susurró él—. Estás temblando. Camila tienes hambre. Es la misma hambre que tengo yo por ti… no puedo tenerte cerca sin poder sentir tu cuerpo sobre el mío.
El cuerpo de Camila giró, sus labios quedaron muy cerca de los de él. Su lengua los recorrió por unos instantes.
Camila quedó de espaldas a la mesa, con Simón presionando su pelvis contra la de ella. La tensión era un hilo a punto de romperse, de nuevo. Él bajó una mano, recorriendo el costado de su cuerpo, desde la axila hasta la cadera, marcando cada curva con una presión que quemaba a través de la tela.
Camila lo miró. Ella no dijo una palabra. En lugar de eso, enredó sus dedos en el cabello de él y tiró con desesperación.
Ella subió una de sus piernas sobre él, dejando espacio libre para que él pudiera entrar. Él tocó la línea bajo su monte de venus dándose cuenta de que no tenía ropa interior.
Él se agachó, Camila puso una de sus piernas sobre los hombros de Simón, dándole paso a que su boca se clavara en su centro.
Él succionaba su clítoris sin dar espacio a nada más. Ella agarró su cabeza hundiendo más su boca, su lengua dentro de ella.
—Quiero que te vengas en mi boca —dijo él.
Ella asintió con su cabeza y dejó que sus sentidos se liberaran. Su cuerpo se fue para atrás, y el cosquilleo en su vientre aumentó.
La presión en su cuerpo la hizo estallar cuando él hizo algunos círculos con su lengua cerca de su centro.
Sus piernas flaquearon, toda ella tembló… y llegar al orgasmo era el momento que más esperaba, el que más disfrutaba.
Simón bajó el broche de su pantalón dejando su falo al aire, agarró el cuello de ella con su boca y lo besó, su pene entró en ella, y la penetró con fuerza.
Ella jadeó sintiendo las palpitaciones de su m*****o dentro de ella.
Ella usó sus manos para poner las en la espalda baja de él.
Sus cuerpos se movieron completamente sincronizados en ese momento. Se movieron una y otra vez dejando que el placer se apoderara de ellos.
Los sujetará y no los soltara.
Él se detuvo con una sonrisa de lado a lado, recuperándose poco a poco de su momento cargado de lujuria.
Camila se bajó de su regazo y acomodó su cuerpo para continuar con su rutina.
En la noche, la familia estaba reunida toda junta. Mientras le daban la despedida a Simón.
Las copas resonaron en la sala mientras las palabras de agradecimiento brotaban con facilidad.
Simón tenía que irse, su momento de seguir viajando y recorriendo el mundo había llegado… de seguir siendo el chico malo.
Camila golpeó su copa con la de él, completamente convencida de que su paso por su casa era una de las mejores coincidencias.
Simón se fue, pero llegaba cada cierto tiempo y de nuevo pasaba un tiempo con su familia. Horas, días y semanas cargadas de pasión en donde él le recordaba a Camila que aún estaba viva.
En donde el sexo no faltaba, y se volvía su mejor compañía justo cuando estaba su invitado en casa.