Son las nueve de la noche e Isabela va bajando las escaleras rumbo a su casa, Raúl adelantó y estaba en el auto esperando que ella saliera para pedirle que permitiera que la lvará a casa, Isabela no podía olvidar lo que pasó arriba en el aula con máximo y Raúl, ella quería más tiempo con su profesor para poder conversar un poco más y conocerlo, pero Raúl estropeó todo, Isabela sabe que la presencia de Raúl en el aula no fue coincidencia, lo sabes porque conoce a Raúl y a través de los años ha visto en él un hombre atrevido.
Isabela llegó al parqueo y notó que Raúl
estaba esperando, no solamente la esperaba sino que también compró algo de
comer para los dos pues pensó que ella podría tener hambre luego de tres horas
de clase y sin haber comido antes de iniciar la clase, para ella fue un gran
gesto así que aceptó la comida pero no el aventón, Raúl quedó sorprendido ¿cómo
es posible que Isabela prefiriera irse caminando por calles oscuras antes de
aceptar irse conmigo a casa de sus padres? de su parte, se sentía algo ofendido.
Entonces le preguntó Isabela si es que ella ya no quería saber nada de él,
porque sentía que su relación de amistad había menguado en cuanto a la confianza.
Ella le dijo que lo seguía viendo como
un buen amigo pero que por el momento prefería caminar, le dio las gracias por
la comida y por siempre estar pendiente de ella, entonces el acarició sus
mejillas y acarició su pelo, y le dijo que no la iba a dejar sola aunque ella
quisiera ir sola.
Ella lo miraba con ojos dulces y tierna
mirada consiente en el fondo de que Raúl
ha sido atrayente para ella siempre y que lo quería.
Luego de que Raúl Insistiera un momento
Isabela decidió subir al auto para ser llevada a casa, era una noche fría,
Isabela olvidó su abrigo en casa y entonces Raúl le ofreció el suyo para que se
calentara un poco y la cubrió con su abrigo con agradable olor a perfume que
cautivó los sentidos de Isabela.
Llegando a casa de Isabela comenzó una
fuerte tormenta, no se podía ver bien la carretera, por lo que Raúl tuvo que
bajar la velocidad y detenerse un momento para que las aguas fluyeran y así
poder ver el camino.
Mientras Raúl estaba detenido tocó el
tema de la clase de Máximo para causar una conversación:
— ¿Qué te pareció la clase de hoy?
— Excelente e interesante— contesto
Isabela.
— ¿y el maestro? — Preguntó Raúl
— Isabela lo miró a los ojos y comenzó a
reírse, sabiendo que Raúl preguntaba para saber si le sacaba un poco de lo que
habían hablado.
Ella sabía que él estaba celoso,
entonces le dijo que el maestro es muy respetuoso y que sólo esperaba que ella
fuera puntual en las demás clases.
—Vi cómo te miraba el profesor, su
mirada no era común, creo que le gustas— dijo Raúl. Antes de pensar en él,
recuerda que te tengo pendiente y que soy el número uno en la lista de
solicitantes, espero que cuando estés dispuesta me hagas caso.
— Sé que me quieres, sé que te gusto.
¿Por qué no me das la oportunidad?
— Isabela quedó atónita, por fin Raúl
estaba confirmando lo que ella siempre había pensado de él entonces no supo qué
responder más que decir que ella sentía algo parecido pero que necesitaba
tiempo, entonces él no pensó dos veces en darle un beso, ella no se resistió,
si no que mostró interés y lo siguió besando intensamente, acariciaba los
brazos de Raúl, acariciaba su pecho, la lluvia seguía cayendo y la joven
religiosa comenzaba a entrar en desacato, para Raúl era inevitable ver sus
piernas limpias y hermosas, mostrando un preludio del manantial que hay más
adelante, de igual manera enloquecía por tocar
sus senos, pero sabía que Isabela es una joven integra y hacer eso
talvez la haría sentir Mancillada y una cualquiera, pero lo que él no sabía es
que Isabela ya había confirmado lo que sentía por él y pudo ver que los brazos
de Raúl es un lugar donde ella quiere estar.
Isabela vestía una falda poco más arriba
de la rodilla por lo que Raúl podía ver sus piernas calidad y comestibles.
Vestía una blusa elegante que mostraba un poco sus senos, Isabela se sentó en
sus piernas frente a él en el asiento del conductor, pero mientras se besaban
se soltó un botón de la blusa y lo que se veía no era lo que Raúl quería, pero
era suficiente para enloquecerlo y hacerlo desear más, Raúl quería besar y
sacar todo lo que allí veía, pero tenía temor.
Entonces Isabela se aprovechó del
momento, sus actos de lujuria se estaban yendo más allá de una simple noche de
exploración, puso las manos de Raúl en su trasero mientras besaba el cuello de
Raúl, y a la vez sentía la bestia que dormía despertarse.
La Bestia estaba despierta, más altiva
de lo que se esperaba por tan poco tiempo de caricias, pero la lluvia había ido
pasando y los cristales aclarando, entonces Raúl entendía que era el momento de
hacer algo que Isabel recordara siempre, así que sin pensarlo desató el otro
botón de su blusa y la tocó, y no solo la tocó si no que beso cada parte de
ellas hasta que Isabela perdió el aliento y lo cambió por suspiros, Isabela es
virgen y nunca había sentido este placer inmenso, Raúl la tiene más cerca que
nunca y está a centímetros de hacerla mujer, ella lo pide y solo está a un par
de trapos de hacerlo, ella lo toca y quita todos los botones de su camisa, ya
el no aguanta más y tiene que hacer algo ya por matar esas ganas y esa tortura,
de igual manera ella lo besa y toca por encima lo prohibido como si fuese un
maíz de intenso, ella estaba que babeaba por él y solo estaban a una decisión,
ya estaba consumado el pecado entonces ¿ya qué quedaba?
Suspiros y suspiros y las manos de Raúl
estaban por invadir aguas prohibidas.