Estaba sentada en la silla mecedora en el corredor de la casa que había empezado a construir para ellos, con la mirada posada en el camino y acariciando su grande barriga. Ya había pasado seis meses. Seis meses desde que no sabía nada de él. Seis meses en lo que le extrañaba como una loca. Lo lloraba en silencio, lo esperaba hasta altas horas de la noche, y se dormía esperando que al día siguiente él, apareciera en su cama. Pero en seis meses no apareció. En esos seis meses no regresó, llamó e informó que estuviera bien. Ella no quería creer que estaba muerto, tampoco que estuviera con Fiamma. Ella se acostaba pensando que, se le hizo tarde, que algún inconveniente le retrasó. Así pasó cada día, cada noche, cada semana, cada jodido mes, pensando que él pronto volvería. La construcció

