La puesta de sol era increíble en el día, pero su temperatura aumentaba y el calor se volvía insoportable, aún así el aire acondicionado del cuarto de huéspedes de la suite de Leonardo, abastecía lo suficiente para que ambos continuaran con la siesta. El gruñido del estómago de Louisa fue la alarma para los oídos de Leonardo. —Louisa —dijo en voz baja para no asustarla—, es hora de levantarse. —¿Dónde estoy? —preguntó Louisa mientras se restregaba los ojos—. Sí me trajo a su departamento, pero qué hace durmiendo conmigo en el cuarto de huéspedes. —No quise dejarte sola después de verte en el estado que te vi. —¡El desayuno! —Louisa se sienta inmediatamente—, me olvidé por completo de nuestra… —Louisa se detiene antes de decir la palabra. —¿Cita? —Leonardo no esperaba oír esa palabra d

