Louisa y Leonardo salieron de la ducha y se acostaron sobre la cama. Louisa se sentía un poco incómoda por todo lo que había pasado, pero no se lo hizo saber, Leonardo ya había pasado por mucho y no podía ser injusta con él. Louisa se levantó de la cama y se dirigió a la pequeña de la suite. —¿Señorita Louisa? —preguntó Ramiro. —Lo lamento si lo levanté, pero no puedo reconciliar el sueño. —No se preocupe, tampoco podía dormir. —Le haré compañía entonces —se sentó alado de Ramiro. —Presencié lo de la señora Jennifer, ¿se siente bien? —Sí y no, me hubiese gustado que Leonardo me defendiera de mejor forma. —Debe entenderlo, está pasando por malos momentos y aún no asimila que su madre tenga Alzheimer. —¿Es reciente? —Sí, hace un mes su tía lo llamó para decirle. —Siento que soy eg

