Volteé a ver a la señora a mi lado, con cariño y ternura. —Yo también creo que se ve muy bonita, ella es una mujer muy hermosa —musité. Christer se llevó una mano a su cabello, nerviosa y cabizbaja. Quizá tenía emociones encontradas, pero no se notaba estar mal en ese momento. Para poder mirarla a la cara, estando a su lado, yo tenía que alzar la barbilla, puesto que su estatura superaba a la mía al menos en una cabeza. Ya entendía de quién habría Élan heredado su tamaño y porte. Entonces lo miré. De cerca, expuesto a la claridad del día, ese hombre era más apuesto que mirarlo bajo la luz de un bombillo. Noté las pecas sobre su nariz y parte de sus mejillas, el estilo en que mantenía su cabello era arrebatador, le hacía mirar más joven y no dejaba lugar a dudas de su carácter determina

