Te vi

1160 Palabras
Capitulo 7 Te vi Narrador Omnisciente Los días fueron pasando y ya Chris junto a París tenían todo listo para viajar a Cork, ahí ya habían rentado una casa pequeña en la ciudad para tenerla como centro de operaciones. Otra cosa que decidieron fue contratar gente del lugar, para darle apoyo y crecimiento a la zona de esa forma tendrían a la gente de su parte pues, como pasaba en ciertas ocasiones, el pueblo no estaba muy contento con su llegada. —No puedo entender que piensen que lo que haremos es para destruir el pueblo—reclamaba París sentada en el sofá de Chris, al final su amigo le había ganado la batalla y la tenía viendo una de sus series favoritas y comiendo palomitas con una cerveza fría. París, ha cambiado un poco, bueno, en realidad mucho. Ahora vestía de vaqueros o simplemente, como hoy, con un pantalón de chándal, una playera gigante de Chris y adornaba sus pies con unos calcetines con dibujitos de las chicas súper poderosas que compró en un mercado al que la llevó su amigo en una de sus cuantas salidas por la ciudad, pero como si no fuera poco su cabello lo tenía en un chongo alto y había dejado de usar maquillaje. —Es normal, a veces el progreso asusta, querida París. —Odio que la gente crea que porque uno tiene un poco de dinero los va a pisotear. —Esa es la teoría del poder, mi ciudad del amor. El ser humano que lo tiene todo se aprovecha de eso y aunque lo niegues lo has vivido en carne propia y a la inversa, la gente humilde a veces, sin querer, se deja pisotear. —Tienes razón, pero igual me molesta. —Ya verás que cuando comiencen a trabajar con nosotros las cosas serán distintas. Después de esa conversación, y ya con sus botanas a medio comer, Chris se levantó y le pidió a la nueva ama de llaves que ordenara preparar la cena, ya no estaba Loren y le tocó contratar a alguien que se encargará de todo, su tía Diana le había recomendado a esta señora y no hubo reparos, no era su viejito, pero era bastante eficiente en su trabajo. Los amigos se habían decidido porque les preparan unas pizzas y como gatos de chalet comerían en la sala viendo una nueva serie. Mientras ellos discutían que serie verían hoy, el timbre de su casa sonó y Chris corrió a abrir la puerta, él sabía perfectamente quién era, por eso cuando vio el pack de cerveza y la caja de donas que le había pedido le hizo el ademán al invitado para que entrara, quitándole la caja de donas y dejándolo con las palabras en la boca. —Necesitaba una de éstas, el hambre no me deja en estos días, hermano. —No entiendo qué te pasa, pareces una embarazada, el otro día fueron mangos, que me costó un mundo y un dineral encontrarlos y ahora donas de la tienda de Charles. —Deja de decir idioteces, es que el estrés de tener todo listo y preparado para viajar lo que me tiene nervioso y como solo cuando me da hambre — se encogió de hombros y casi se engulló una dona, sin vergüenza alguna. —¿Quién es, Chris?—París al ver al oficial de policía frente a ella y en esas fechas se golpeó mentalmente la cabeza, claro que era él, no pasaba día que no tuviera la visita de ese hombre, ya sea en la constructora o en la casa de Chris. «¿Qué no trabaja?» pensó y colocó cara de pocos amigos, aunque su presencia no era lo que le molestaba, sino que la viera vestida así. En cambio, Duncan, sonrió, como el gato que se comió la crema y relamió sus labios al verla Esa mujer le llamó la atención desde un principio y después de que su amigo le dijera que no había nada entre ellos se decidió por cortejarla, pero ella era un hueso duro de roer, no le daba ni la hora. —¿Se van a quedar ahí de pie o vendrán a cenar? Ya la señora Lana trajo la cena y la pizza se está enfriando—Intentó ser dura en su hablar, pero eso hacía que al policía más le encantara y cierta parte de su anatomía despertara. —Ya vamos, mamá. Ven Duncan, no quieres ver enojada a esta mujer, te lo aseguro. Los tres se adentraron en la casa y, como si fuera de toda la vida, cenaron entre risas y cervezas. Era en esos momentos, que a Chris le bajaba la nostalgia y se preguntaba que estará haciendo su víbora de cascabel, pero negaba de inmediato. —Ella ni se debe acordar de mí. —Ya te acordaste de Ro—afirmó su amiga y a él no le quedó de otra más que asentir—. A veces pienso que deberías hablar con ella y sacarte esa espinita que llevas con tu corazón. —No vale la pena, mi ciudad del amor. Yo fui un estúpido y le cerré toda posibilidad de que ella me diera una explicación. Ahora, debo seguir mi destino y eso es junto a ti, preciosa. —Iuhg, mejor comamos o entre tu dulzor y las arcadas que me provocas no voy a resistir. —Estoy de acuerdo con París, a veces es mejor dejarlo ir, si no era tu tren ya llegará el indicado. Duncan admiraba la tranquilidad con que aquella mujer le subía el ánimo a su amigo y, aunque eso Lo ponía un poquito celoso, tenía claro que entre ellos no había absolutamente nada. Él la veía tal y como es y eso hacía que su corazón latiera a mil por horas. —Te vi, preciosa mujer y ahora espero que tú me veas. Dijo bajito, aunque su amigo lo escuchó y rodó sus ojos, pero eso le provocó un mareo. —Mierda, voy a vomitar. —¡Chris! Gritaron los dos y le siguieron hasta el baño. Ambos estaban preocupados por su amigo. —Definitivamente te llevaré al doctor, Chris. No podemos viajar así a Cork. —Apoyo la moción, no puedo entender qué es lo que te pasa, hermano. —Estoy bien, solo debe ser que estas cosas estaban malas y tú dándotelas de mi salvador. —Idiota. Al final, París le pidió a la señora Lana que le preparara una sopa de pollo, mientras ella y Duncan comian pizza sin ninguna vergüenza delante de él. —Esto no es justo. —Nada en la vida es justo, mi querido Aramis. —Te odio, Atos. —¡Qué horror! ahora se creen los mosqueteros. —Siempre lo hemos sido, mi ciudad del amor, siempre. —Por supuesto, Todos para uno y uno para todos... —Son un verdadero caso de manicomio. —Y así nos amas, querida, así nos amas.
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