21. Ilegalmente suya. [Parte 2] — ¿De verdad, dices? — Jalonea el lóbulo de mi oreja con sus dientes y me hace retroceder hasta que mis muslos chocan contra su escritorio —. ¿Es que estos besos son de mentiras? — Aaron — gimoteo cuando su boca cae abierta en un punto sensible de mi cuello. — ¿Qué? — Toma mis caderas y veo su intención de subirme sobre el escritorio, pero mantengo firmemente mis pies sobre el suelo, evitándolo. — Me tengo que ir, deja de retrasarlo — intento empujarlo del pecho, pero no consigo alejarlo —. Sólo dame mi beso para poder irme. — Está bien, te voy a dar tu beso — sus labios vuelven a posarse en mi cuello, esta vez succionando con más fuerza. Muerdo mi labio para evitar gritar cuando son sus dientes los que siento contra mi delicada piel. — Dolió — me quej

