—Oí decir que Jaime Olmos, vendrá a verte mañana —dijo de pronto Emma, dejando a un lado sus pensamientos y recordando la cita. —Sí, con el negocio que me va a ofrecer, podré conseguir un nuevo ascenso en la empresa —respondió él con firmeza y seguridad. —¿Crees que yo podría ayudarte en algo para que consigas el negocio? Ernesto se sonrió benévolo, le acarició los rubios cabellos y dijo: —Desde luego, voy a necesitar a una buena secretaría a mi lado. —Tú me nombraste asistente, así que he estado estudiando, esta es mi oportunidad para ayudarte plena y totalmente en el negocio. —Sí, Emma, aunque tenemos que ir poco a poco, por lo que he oído decir, Olmos, es un tipo anticuado, de la clase de individuos que no fuma y apaga las luces antes de parchar con su esposa. Bueno, eso si todaví

