El reloj marcó las dos de la tarde, después de haber ido a ver a Lia, ella me echó sin el menor temblor en la voz. Sé que me odia, lleva mi sangre en esas venas, mas no pretendo fingir ser un padre bondadoso o tiento ante ella. Me conoció así desde pequeña, y así sería siempre. Descuidarse y dejarse envolver por sentimentalismos, solo llevaban a que el dolor llegara de la manera más inesperada posible. Lia no sería esa piedra que me haría tropezar. « No quiero verte jamás» «Te desconozco» Palabras que habían estado clavadas en mi mente hacían eco en mi cabeza; provocando esta fuerte punzada que solo me arrastraba al abandono. — ¿Señor, Lazzari? Tocando la puerta, la empleada interrumpió a mi hundimiento mental, sacándome de ese estado de trance para dar la orden de que ent

