El estómago se me hizo un nudo, ya sea por su pregunta capciosa y con dobles intenciones, como el atrevimiento de pedirme juntarnos aquí. Me sentía como cuando haces la fila para subir a una montaña rusa, con la adrenalina a tope, sin dimensionar realmente qué tan alta es la caída. Pero bueno, ya estaba aquí, acercándome, atrayéndome hacia él como si fuera un imán. El doctor “Z” se pone de pie y me sonríe ampliamente, viéndose aún más guapo que cuando lo vi por primera vez, hace un rato atrás. Camina hacia mí, acortando la distancia en un par de pasos. Me toma la mano y sin apartar la mirada, me besa el dorso. —Un placer, verla una vez más, señora Claus —dice y mis piernas se vuelven gelatina. Sonrío e intento ordenar mis pensamientos, para no decir alguna estupidez. —Igualmente, doct

