Creo que escucho mi jadeo sorpresivo porque en unos segundos Kiara se materializó detrás de mi y me amenazó con su daga en mi garganta. – ¡Mamá no! – Yamila se acerca tocando su brazo, para detenerla. – ¡Lo sabe! – gruñe furiosa. – Por favor, él no dirá nada, es mi pareja, me salvó la vida, se lo debo. – ¿Tu. Qué? ¡Joder! “Por Favor, que no le diga lo que le hize, que no se lo diga” – ¡Nadie debe saberlo! – Mamá, no puedes esconderme para siempre, tarde o temprano alguien lo descubrirá. – ¡Por tu culpa, por tu estupidez! ¡No debiste salir del arca! – Dejala Yamila, si es lo que quiere lo acepto. Dije y ella tocó su brazo, la miró tan intensamente que me sentí intimidado, pero sentí su aura rodearnos, como ella le transmitía sus miedos, Kiara se relajo y me soltó, no sin ante

