Deje de escuchar al autor, estaba más fascinada por las vistas, la casa era moderna, sobre todo el sol reflejándose en el mar. – Ponte cómoda, iré a cambiarme. Abrió otra puerta de cristal y subió unas escaleras de madera, mientras aproveche para recorrer el primer piso. Cuando termine, me recargue en la puerta abierta y contemple las vistas, alimentándome del panorama. No sé cuanto tiempo pase contemplando las olas, quería ir ahí y meter los pies, sentir la arena bajo mis dedos. – ¿Tienes hambre? – me giré hacia su presencia y me quedé sin aire en los pulmones, ¡Diablos! Iva descalzo, con un pantalón de chándal y el pecho desnudo, el cabello mojado y unas relucientes gotas de qué se había duchado, en la mano traía un tazón con fruta picada, no sé si me temblaron las piernas por su cuer

