EpílogoLa noche anterior habían concurrido a una fiesta privada a la que habían sido invitados por un antiguo cliente de Vijai Chand, padre de Alisha, accionista de un antiguo Banco italiano. Para eso habían alquilado disfraces en una sastrería y comprado un par de carísimas máscaras. Luego de eso se habían separado para salir cada uno a vivir aventuras nocturnas por las calles atestadas de enmascarados que repartían requiebros a las damas y elogios a los mejores disfraces; esta costumbre tan extraña seguía las mejores tradiciones de los carnavales venecianos, descritas en las obras teatrales de Carlo Goldoni. Romain había caminado por calles, plazas y canales hasta llegar a la hora pactada a un puente donde habían convenido encontrarse con Alisha. Todos los transeúntes que atravesaban e

