Capítulo 19Circulaban a la caída de la tarde en un auto con los vidrios polarizados y sin identificaciones oficiales y los seguía otro vehículo con tres oficiales de la Policía Nacional armados hasta los dientes. El conductor de su auto era también un experto en seguridad y en manejo en situaciones de riesgo. Mercier y Dupont viajaban en el asiento de atrás. Estaban ya entrando en la pequeña ciudad medieval y en su laberinto de callejuelas. Aún a esa hora el tráfico era escaso y el fuerte viento norte mantenía a la gente fuera de las calles de modo que el chofer manejaba confiado. Los dos jóvenes, que se habían hecho amigos en medio de las circunstancias que les había tocado vivir habían estado conversando pero ya Mercier se había quedado dormido en su asiento. Michel le sacudió el brazo.

