El viaje se me hizo largo y pesado, me llevaba conmigo mucho dolor, y el llanto que trataba de que las azafatas no se dieran cuenta. Salí del aeropuerto sin un centavo encima, para el colmo, había olvidado mi celular en el hotel, pero era mejor así, ya no tendría recuerdos frustrados. Había un problema, no traía efectivo encima, tenía que ir a una parada de bus, arrastré mi maleta unas dos cuadras hasta que vi al fin una parada de bus, iba a pedirle al conductor que me perdonara el pasaje. Comencé a cruzar la calle sin mucho cuidado, despistada, histérica y aun lloraba. Escuché tarde el chirrido del freno del carro que evitaba embestirme. Era un jeep verde, y parecía militar. Me quedé congelada en medio de la avenida. No pensaba en nada en absoluto. Del jeep bajó alguien, una persona

