Ninguno de los dos prestaba atención a la película, me levante y fui a la cocina lo mas rápido que pude, evitando perder mucho tiempo, saque una botella de vino tinto y dos copas, por primera vez teníamos una conversación real, sin trabajo de por medio, sin etiquetas, por primera vez me llamo por mi nombre sin necesidad de pedircelo, existía una confianza que me hacia sentir bien, podíamos hablar de cualquier cosa, como si nos conociéramos de mucho tiempo, la naturalidad con la que hablábamos me hacia olvidar todos los problemas. — ¿La puedes abrir? – Extendi mi mano, colocando la botella de vino frente a su rostro. — Si puedo. – Dijo sosteniendo la botella con sus manos. – Pero apenas te estas recuperando, hace algunas horas te debatias entre dormir en tu cama o en la de un hospital, no

