A pesar del elegante diseño de la casa, con sus ladrillos y su tejado a dos aguas, Harriet prefería el estudio. Situado al final del jardín trasero, el estudio se acurrucaba en una gruta de helechos arborescentes y mullidas hierbas, a la sombra moteada de dos olmos dorados y los robustos troncos de tres fresnos de montaña que se erguían como baluartes. Revestido de fresno, con tejado de tejas y ventanas abatibles en las paredes orientadas al sur y al oeste pintadas de n***o brillante, el edificio tenía un encanto de corral inglés. En su interior, el suelo de hormigón, antiguo taller de un tornero, estaba moteado de aceite de linaza y, desde que ella había tomado posesión, de pintura. Un banco largo y alto se alineaba en la pared del fondo, y donde antes había cinceles, pinzas y sierras, ah

