Creerás, lector, que acabo de describir a una mujer increíblemente desaliñada; en absoluto. Hortense Moore (la hermana del señor Moore) era una persona muy ordenada y ahorrativa; la falda, el cubrecorsé y los papeles de rizar eran su atavío matinal, que siempre había acostumbrado a llevar para «hacer vida doméstica» en su país. Prefería no adoptar las modas inglesas sólo por verse obligada a vivir en Inglaterra; se aferraba a sus viejas modas belgas, completamente convencida de que había cierto mérito en ello. Mademoiselle tenía una excelente opinión de sí misma, opinión que no era del todo inmerecida, pues tenía algunas excelentes cualidades, pero sobreestimaba la clase y el grado de éstas, y dejaba fuera de sus cuentas varios pequeños defectos que las acompañaban. Nadie habría podido co

