CAPÍTULO XIII-3

2074 Palabras

—Bien, ¿se ha tranquilizado tu espíritu? —preguntó Shirley—. ¿Consentirás en quedarte en casa? —No la abandonaré si lo desaprueban mis amigas —fue la respuesta—, pero creo que con el tiempo se verán obligadas a pensar igual que yo. Durante esta conversación, la señora Pryor parecía lejos de sentirse a gusto. Su extremada reserva habitual muy raras veces le permitía hablar con libertad o interrogar a los demás detenidamente. Se le ocurrían multitud de preguntas que no se atrevía a hacer jamás; mentalmente daba consejos que su lengua no pronunciaba. De haber estado a solas con Caroline, posiblemente habría dicho algo sobre aquel asunto; la presencia de la señorita Keeldar, aun estando acostumbrada a ella, selló sus labios. Entonces, como en un millar de ocasiones parejas, inexplicables esc

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