GALIA CENTRAL| CANAL DE LA MANCHA. Un enorme barco se posicionó cerca de la nave principal. Los legionarios bajaron el puente de madera para que la mujer que venía en el otro barco, pudiera cruzar. Lo hizo con cuidado, teniendo la ayuda de los legionarios para evitar que cayera y cuando pisó la nueva nave las delicadas manos de una mujer le dieron la bienvenida al recibirla. —¡Julia!—exclamó antes de lanzarse a sus brazos con una sonrisa realmente sincera. Tuvo un pésimo viaje. Los mareos no la dejaban estar en otro lado que no fuera la borda y tardó llorando sola en el camarote tanto tiempo, que los soldados tuvieron que tocar su puerta para preguntarle si estaba bien. Los legionarios ofrecieron toda la ración de carne que tenían en reserva a la mujer pensando que estaba llorando de

