Valeria – 8 meses de embarazo El verano en Palermo era un horno. El aire olía a sal, a limones maduros del árbol de Caterina y a asfalto caliente. La barriga ya era una pelota que me impedía ver mis pies, y el bebé pateaba como si quisiera salir a correr por la playa. Alexei había cumplido diecisiete años dos semanas atrás. Le regalamos una guitarra eléctrica (su sueño secreto) y una fiesta sorpresa en el Rincón del Mar con todos los amigos del colegio. Bailó con Sofia hasta las tantas y, por primera vez, me llamó “mamá” delante de todo el mundo. Mateo lloró como un niño cuando lo oyó. La vida era tan perfecta que casi me daba vergüenza disfrutarla tanto. Hasta la mañana en que Alexei no bajó a desayunar. Subí a su habitación (la que habíamos preparado con posters de rock ruso y ital

