Capitulo 10: Secuestrado

2224 Palabras
“Controlan tu cuerpo, por eso fuiste tu”  S C D A   > —Señor ¿Cuándo va a ser el siguiente trabajo? – pregunta la asistente con su Tablet en manos – necesito saber que tan débil se encuentra el cuerpo de la chica. —Pronto se hará, no te preocupes por eso – él hombre hace un ademan con la mano – dime ¿tienes novedades del chico? – ella pulsa unas cosas en su Tablet, para luego responder: —El chico de unos veintidós años que capturamos ayer tiene en su sistema fuertes bases para una pelea, su sangre es O+ y es alérgico al maní, nació en Italia, pero vive en la ciudad hace unos años. —¿Su familia? – preguntó. —Su madre está en Italia por viajes de trabajo y tiene una hermana pequeña pero la cuida su tío. —¿Cómo se llama el chico? —Alessandro Vítale Conti. —Muy bien, prepara todo, él tiene que estar listo lo más pronto posible. —¿Lo llevara a Hamers? – inquirió ella. —Si – asintió el hombre – por su porte, puede sernos de gran ayuda ¿no le parece? —Puede ser, pero el chico aun no despierta y eso me tiene algo angustiada – confiesa, su rostro muestra preocupación y textea algo en su Tablet – Lo voy a notar en nuestro sistema, y agregare sus medios de comunicación porque su celebro es tan potente como el chico que soltamos hace unos años – le comunica. —¿Tanto así? – inquirió, totalmente asombrado. —Si señor, pero como este chico tiene debilidades no puede ser la excepción. —Quiero verlo ¿en qué habitación esta? —En la habitación número quince – contesta y deja de ver su Tablet para mirarlo – lo acompaño. Desde hace muchísimos años están tratando de crear cosas que para ellos son cosas “increíbles” que nadie más ha podido hacer, en esta ciudad vendrán nuevas cosas sorprendentes que darán de que hablar. Estas personas pertenecen a un sistema de control de almas donde hacen de un cuerpo un autocontrol que los conlleva a moverse mediante ordenes de ellos, son una unidad donde dominan el cuerpo de varias personas a su antojo. Controlan su mete, sistema y cuerpo, están empezando ahora un plan que tantos años estuvieron haciendo, comenzaron por hacer cosas sobre espíritus, investigaron todo lo necesario y cierta parte de ello les ayudó una pequeña base de lo que querían hacer. Uno de los principales jefes se llama Alejandro García, trabaja desde hace tiempo en hacer de este sistema de control de almas lo mejor posible. Mide un metro ochenta y siempre viste elegante, eso es otra cosa que me gusta hacer, además de arruinarle la vida a personas inocentes que no tienen la culpa de nada. Es un hombre intimidante, inexpresivo, malvado y malicioso. Alejandro camina con la asistente siguiendo sus pasos atrás de ella hasta llegar a la habitación número quince, ella ingresa unos códigos en la pantalla que esta aun lado de la puerta para que luego esta se abra. El chico de cabello color chocolate oscuro está totalmente dormido en la camilla, esta sin camisa mostrando los pequeños círculos que pegan su pecho y frente con los cables del aparato con botones que está en la pequeña mesa de hierro a un lado. La pantalla que está al lado izquierdo de la pared proyecta su cerebro y sistema del cuerpo, el pecho del chico sube y baja mientras duerme y sus pestañas algo largas tiemblan un poco, esta algo pálido, sus manos están esposadas a los lados. La asistente entra y Alejandro hace lo mismo, las puertas transparentes se cierran automáticamente como si fueran ascensores, Alejandro examina al chico con más cautela y curiosidad mientras se va acercando. —¿Cuánto lleva él aquí? – le preguntó Alejandro a ella. —Cinco días señor – contesta y se coloca al otro extremo de la cama junto al chico. Hacen un momento de silencio y Alejandro deslizó la mirada del chico hacia ella. —Despiértalo – ordenó. La mujer asiente y se dirige a la pantalla que está proyectada en la pared, desliza la imagen del cerebro a un lado y entra al acceso de sistema buscando donde diga “despertar” añadiendo un código. Al hacerlo el chico abre sus ojos de golpe mostrando sus ojos azules oscuros. El abre y cierra los ojos, el muchacho veía algo borroso, pestañea unas veces y alza su vista hacia Alejandro. El hombre le sonrió con malicia, en cambio el joven hunde sus cejas en confundido. —¿Quién…quien es usted? – pregunta con su voz un poco rasposa. —Alejandro – le responde haciendo una pequeña reverencia – es un gusto conocerte. El chico hunde más sus cejas y frunce los labios, analiza el aspecto de Alejandro y lo mira con desconfianza. Alessandro trata de moverse, pero se da cuenta que tiene unas esposas en sus muñecas. El mueve sus muñecas tratando de zafarse con fuerza. —¿Dónde estoy? ¿Por qué tengo esto? – pregunta rápidamente, su pecho comienza a subir y bajar respirando rápido. —Estas en SCDA, un sistema de control – explicó colocando sus manos atrás de su espalda. —¿Sistema…de qué? – le mira desconcertado, confundido. —Eres un nuevo integrante en esta unidad – dice la asistente. Él la mira abruptamente, percatándose de su presencia. —¿Integrante? – Alessandro sacude su cabeza – Dios ¿Será que tome mucho anoche y ahora tengo alucinaciones? – se preguntó así mismo. Alejandro suelta una carcajada. —No muchacho, para explicarte mejor, te hemos secuestrado – las cejas del muchacho se alzan en sorpresa – pero no vamos a matarte – le tranquiliza.   >> pensó Alejandro en sus adentros. La respiración de Alessandro disminuye un poco. —¿Entonces? —Queremos que tú vayas al instituto Hamers para que averigües si todo está bien por allá – le explica la asistente – tenemos asuntos que queremos que hagas, escuches, y si lo haces no te haremos daño. Queremos destruir a Hamers – termina de explicar. —¿Qué? – soltó - ¿Cómo se llama usted? – le preguntó a ella. —Rosa. —Muy bien, Rosa, primero ¿Por qué quieren destruir a Hamers? Y segundo ¿Qué ganaría yo con eso? Si quieren saber cómo están las cosas allá simplemente tocan la puertita – hiso una pausa, mostrando una sonrisa falsa – Boungiorno, ¿va tutto bene aquí? ¡Y listo! No hay necesidad de secuestrarme. Traducción: > Alejandro ríe con malicia, él muchacho lo mira como si estuviera loco. Cuando se relaja responde a sus preguntas: —Primero, la razón por la que queremos destruir a Hamers es nuestro asunto y, segundo, lo que ganarías será tu vida, no te mataremos. —¡¿Zei pazzo?!– exclama en pregunta el muchacho, enojado, con los ojos bien abiertos. > —La tuya por si acaso.   —No haré tal cosa – se niega Alessandro - ¿tendré que matar también? Al muchacho le inquietaba el asunto en el cual se encontraba, se preguntaba qué demonios hacia secuestrado, se sentía perdido y débil. Rosa y Alejandro comparten miradas y asienten con la cabeza confirmando la pregunta del chico. —No cuenten con eso ¡Sáquenme de aquí! – exigió moviéndose, desesperado. —Si no cooperas despídete de tu hermana – le dijo el hombre. Alessandro se detuvo estupefacto. Él se quedó unos segundos en silencio para decir en un hilo de voz: —¿Qué dijiste? —Que si no cooperas despídete de tu hermana – repite, firme. Alejandro levanto la mano en dirección a la asistente Rosa en señal que de que proceda a mostrarle al chico lo siguiente: Ella textea cosas en su Tablet y le muestra una foto de una niña de unos ocho años, ojos azules tan oscuros como los de Alessandro, nariz perfilada como la suya solo que más pequeña, tiene una camisita con mangas largas color verde, unos pantalones cortos con flores y botas de invierto. En la foto ella aparece sentada en un tobogán sonriéndole a la cámara, los ojos del chico se humedecen un poco, no quería que le hicieran daño a su hermana, su mandíbula su tensa apretando los dientes y luego su expresión cambia a una dura. —Ni se les ocurra tocarla – advierte entre dientes. La asistente Rosa aparta su Tablet del chico. —No lo haremos si haces lo que te pedimos – condicionó Alejandro, cruzándose de brazos. Alessandro piensa por unos segundos, aunque en realidad no tiene otra opción. —Acepto – dice, cierra con fuerza los ojos y suelta aire por la nariz para luego volver a abrirlos — ¿Qué tengo que hacer? —Rosa te dará las instrucciones, por los momentos te quedaras aquí. —¿Qué son estas cosas que pegan de mi cuerpo y frente? – les pregunta. —Son para tener control y acceso a todo tu sistema del cuerpo – le contesta Rosa, ajustando sus lentes – si intentas escapar… —ella teclea algo en su Tablet y al presionar un código, una corriente de electroshock llega al cuerpo de Alessandro haciendo que suelte un grito – esto es lo que te pasara. —¡Maldición! – Alessandro suelta un gruñido de dolor. Esa corriente era jodidamente tortuosa, asfixiante, ardiente y enloquecedora. Una gran corriente de esas, eran similares a un cerco eléctrico, los vellos de tu piel se ponen de punta, tus venas se contraen y se tensan al tiempo que cierras los ojos, sientes tu cuerpo quieto y no puedes mover ni un musculo por el gran dolor que sientes. Esa máquina, además de ser un control de acceso a un sistema de cuerpo, era condenadamente un infierno. Odiabas a la maquina y aquellas personas a las cueles la manejaban. —¿Ahora entiendes porque debes obedecer? – pregunto Alejandro con una sonrisa de burla. —Yo no suelo obedecer órdenes de animales como tú imbécil, pero solo lo haré por mi hermana. Ojalá algún día te pudras en la cárcel – soltó con repugnancia y enojo el muchacho. —No lo creo cumplir tus buenos deseos hacia mí, pero, ya me tengo que ir…Rosa, ya sabes que hacer – se despidió y ella asiente con la cabeza.                                                                  [……..] Samantha estaba en el cuarto terminando de cambiarse para ir al funeral de Amelia Méndez, se acomoda el cabello colocándose una coleta alta y termina por echarse brillo en los labios, ya que los tenía resecos, se puso una sudadera negra con pantalones ajustados y unos zapatos con plataforma alta. Va a la pequeña cocina para tomar un poco de agua, Ivy tiene una chaqueta de cuero negra, una camisa gris y pantalones de cuero muy ajustados que resaltan su figura, su cabello tiene ondas y su mirada perdida le deja una pizca de curiosidad a la joven Samantha. A ella le extrañaba muchísimo la manera en la reacciono Ivy en los pasillos, por un momento recuerda que la madre de su compañera esta encerrada en un manicomio.   > se preguntó en sus adentros.   La joven deja la botella de agua en el refri, luego gira sobre su eje para mirar fijamente a su compañera. —Ivy – Samantha llama su atención, ella parpadea un par de veces para mirar a Pitterson – si algún día necesitas hablar y expresarte, oh contar algo que te esté matando por dentro, aquí estoy para escucharte ¿está bien? – le hiso saber, sincera. Su compañera frunce las cejas. —Gracias, pero…—de pronto ella pensó algo y miró a Samantha asustadiza - ¿Por qué me preguntas eso? Samantha no entendía mucho su reacción, de hecho, parecía como cuando alguien oculta algo que nadie debe saber. Ella no sabía si decirle lo siguiente, pero tenía que preguntar. —Sé que tu mama esta encerrada en un manicomio – le confiesa e inclinó su cuerpo en la pequeña isla para continuar — no quiero que sientas vergüenza por eso, no me voy a burlar y en caso de que preguntes… lo sé porque Amelia lo dijo enfrente de todos en la biblioteca y, Austin nos lo conto. Si no quieres hablar de ello está bien, pero si un día quieres hacerlo ya sabes que hacer – se encoge de hombros dándole una sonrisa de boca cerrada. —Bueno…sé que Amelia no fue buena al decir eso en frente de todos, pero no quería que se muriera. —Si, fue algo inesperado para todos – dijo en susurro bajando la mirada. Ellas se quedaron unos segundos en silencio. —Hay que irnos, Eliot nos pasara buscando en su auto – Samantha rompe el silencio, Ivy asiente con la cabeza mientras busca las llaves para salir del dormitorio.
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