Capitulo 4: Desaparecida

1586 Palabras
"Dime tu historia, porque todos tenemos una"  Al día siguiente Ivy estaba en la biblioteca del instituto terminando de hacer un resumen, uno de los amigos de Samantha está sentado leyendo un libro con sus piernas cruzadas. El chico de ojos verdes está muy concentrado en ello, parte de su cabello brilla con la pequeña luz del sol que entra por una de las ventanas de la biblioteca, algunos segundos después alguien toca el hombro de Ivy. —Hola Vivi – la saluda Amelia con hipocresía. —Es Ivy – le corrige entre dientes.   —No me interesa, solo quiero decirte que le digas a tu amiga Samantha que no se meta conmigo. —Eso deberías de decírselo tu misma ¿no crees? —Ya lo hice, pero al parecer no le quedó claro, porque ahora sospechan que fui yo quien dejo la advertencia en el baño. —Ese no es mi problema – regreso a escribir su resumen. Amelia aún sigue parada a su lado. —¿Cómo esta tu mamá? – le pregunta para molestarla.   —Cállate.   —Dicen que es una loca.   —¡Mi madre no es ninguna loca! – se levantó de la silla, para encararla. Austin cierra su libro para verlas a ambas, así como varios de la biblioteca. —¿Entonces porque está en un manicomio? Por lo que he escuchado tu vida fue algo difícil ¿no? Ivy apretó sus manos a los costados. Y su mandíbula se contrae. —Tú no sabes nada de mí – mascullo. —¿Y qué hay de tu padre, sigue desaparecido? – se cruza de brazos. —¡Cállate! – exclamo con fuerza. Hubieron quejas de chicos para que hagan silencio.   —Vamos Ivy, cuéntanos tu historia – elevo la voz Amelia. —Esta conversación se terminó – zanjo y recoge su cuaderno y lápiz con rapidez para irse. —No tan rápido querida – se interpone en su camino - ¿Sabes porque tu padre no aparece? – se inclina hacia ella – porque está muerto. Esa fue la gota que derramo el vaso, sin pensarlo dos veces Montero le dio una fuerte cacheta que hiso eco en toda la biblioteca, Amelia giro su cara hacia ella en sorpresa, Ivy dio un paso adelante, quedando muy cerca suyo. —¿Sabes que les ocurre a las personas malas? – inquirió con una sonrisa torcida – simplemente no terminan bien. —¿Eso es una amenaza? Ivy no le respondió y le doy la espalda para irse de la biblioteca con una sonrisa. Austin y los demás miraron a la joven con el ceño fruncido, no estuvo bien que le dijera esas cosas a su compañera. —¡¿Qué están mirando?! – vocifero Amelia en un grito. —¡SSh! – sisea la bibliotecaria – ¡señorita Méndez! Hágame el favor de retirarse. Ella salió de la biblioteca dando fuertes zancadas, Austin se levanto de la silla guardando su libro para buscar a sus amigos en las gradas, camino lo más rápido que pudo para contarles sobre lo ocurrido en la biblioteca. Cuando los vio se acerco corriendo hasta ellos. —¿Qué pasa Austin porque vienes corriendo? – pregunta Samantha. —No saben lo que acaba de pasar en la biblioteca – soltó, dejando su bolso en césped para sentarse con ellos – Ivy Montero le dio una cachetada a Amelia Méndez.   —¡¿Qué?! – exclamaron todos al unísono. —¿Pero qué paso? – pregunta Sasha. —Resulta que la mamá de Ivy está en un manicomio, – les contó – y su padre está desaparecido. —¿Cómo? ¿entonces quien cuidaba de ella? – pregunto Eliot. Austin se encoge de hombros. —Quizás cuando llevaron a su madre a ese lugar ella ya era mayor de edad – hubo una pausa de silencio – Amelia quería que contara su historia a todos los que estábamos en la biblioteca. —Entonces Amelia debe saber más de ella – opina Samantha. —Supongo que sí, no saben lo intensa que fue esa cachetada – Austin sonríe al recordar ese momento, pero lo cambia a uno serio – Amelia le dijo que su padre no aparece porque debe estar muerto y obvio eso le molesto a ella y le dio la cachetada. —Esa chica es de lo peor – menea la cabeza Eliot. Se quedaron un rato en silencio, a Samantha le parecía algo extraño que Amelia supiera esas cosas sobre Ivy, es decir, ¿Qué razón tenia ella para decirle todas esas cosas de sus padres frente a todos? ¿Porqué Amelia tienen tanta maldad? ¿no tiene sentimientos?  —Bueno, lo lamento, pero debe irme – avisó, levantándose del césped. Ellos fruncieron el ceño. —¿Se puede saber a dónde? – pregunto Sasha. —Tengo que devolverle el cuaderno a Jaime. —Uyyyy, alguien ya se está acercando a su príncipe – canturrea Sasha. Samantha niega con la cabeza mientras sonríe. Ya que a Jaime le tocaba día libre en la mañana Samantha le envío un mensaje para que le diga cuál es su número de habitación. Caminaba en los pasillos mientras escribía el mensaje. Samantha: Jaime, soy yo Samantha, voy a llevarte tu cuaderno ¿puedes decirme cuál es tu dormitorio? Jaime: hola linda, es en 1/4 estaremos solos ;)  Ok… la joven entendió perfecto ese mensaje. Samantha: ¡No seas idiota! Dime cuál es tu dormitorio.  Jaime: Te lo digo si me prometes que te comportaras al verme cuando entres. Samantha: ¡Ni se te ocurra abrir la puerta desnudo! Jaime: ¿No te provoca ni un poco? ☹ Samantha: Lo que me provoca es darte un golpe en la cara. Jaime: jajajajaj estaba bien, prometo estar en buenas condiciones para ti.  Yo: Eso espero, ahora dime el cual es tu dormitorio , cuando termine la última clase voy para allá. Jaime: es el 25-C te espero. Al leer el mensaje la joven guardó su celular y al terminar la clase se va camino a los dormitorios de los chicos, pasó subiendo algunas escaleras buscando la puerta de Jaime, una vez delante de la puerta 25-C le extraño ver un papel en el piso. Se agacha para ver el contenido y decía:  “Jaime, espero y te acuerdes de mí, soy Sabrina una compañera de tu clase. Quiero preguntarte si estas disponible para salir conmigo alguna vez, sino quieres lo entiendo, espero tu respuesta te dejo mi número"  Al terminar de leer la carta de color rosa pastel, Samantha siente una pequeña punzada en su pecho, sus cejas se hunden y su boca se aprieta mediante cierra los ojos. Una pequeña corriente de ira y celos se apoderaron en su cuerpo, se trataba de convencer que no puede enojarse por una simple carta, si Jaime intentaba llamar a Sabrina ¿Qué mas daba? Entre Samy y ella no había relación alguna.  Samantha pone la hoja doblada como estaba antes y toco la puerta de Jaime. En segundos él abrió y… > expreso la joven en su mente.   Jaime estaba frente a ella con su torso desnudo, mostrando sus perfectos pectorales, músculos y cuadros definidos. Su brazo derecho sostenía la puerta mientras el otro estaba apoyado en el umbral de la puerta, a la joven le pegó un olor exquisito, el muy condenado se echó perfume. Su cabello tenía un desorden que lo hacía ver sexy y, su cuerpo era perfecto como para tenerlo de stripper privado, j***r y el pantalón azul oscuro pegado a sus piernas era simplemente único y echo para él. —¿Vas a pasar o prefieres violarme con la mirada? – preguntó después de unos segundos. Samantha sacudió la cabeza, al parecer lo miro más de la cuenta. —En el suelo estaba esto – dice, ignorando sus palabras para entregarle la carta. Él la tomó y cuando termino de leer puso los ojos en blanco. —Que fastidiosa – susurró con hastío, para doblar la carta – Ven pasa – abrió más la puerta.  La joven dudo en pasar.  ¿Qué estoy diciendo? ¡Concéntrate Samantha!>>   —Ok…—se limito a decir con algo de duda. Entro y Jaime cerro la puerta - ¿podrías ponerte una camisa? – le pidió con vos algo temblorosa, carraspea.  —¿Te provoco? – dio un paso hacia Samantha y ella retrocede. Jaime mostró su sonrisa. —Simplemente me pones… —¿Nerviosa? – enarco una ceja. —Incomoda – aclaro – ten tu cuaderno – ella saco de su bolso el cuaderno de Jaime y se lo entrego – bien, ya tienes tu cuaderno, ahora me voy. —No espera…—Samantha se detiene - ¿Puedes quedarte un rato más? Te prometo que no haremos nada malo, solo quiero hablar contigo. La joven se voltea para verlo e intenta responderle pero en eso su teléfono suena, Jaime hace una mirada de disculpa y se coloca a un lado de su escritorio para contestar. —¿Diga?... ¿Qué pasa Emily?...No, ella no está conmigo….¿Como? eso no puede ser…cualquier cosa yo te aviso no te preocupes – colgó y se pasó la mano por su cabello. —¿Qué sucede? – le pregunto Samantha.  —Amelia está desaparecida. 
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