Capítulo 1

2276 Palabras
El sonido de mi jodida alarma retumba en toda mi habitación. La hermosa voz, de la belleza de Taylor Swift, me está martillando mi cerebro. ¡Maldición estoy muerta! Estiro mi brazo para apagarla, en general amo la música, pero en este instante, es una patada en el culo. Me levanto y sigo temblando, a de ser por, la cantidad de bebidas energéticas que ayer consumí, pero en mi justificación, tuve un fin de semana de mierda. Mi padre tuvo una crisis, y salí para el hospital, disparada, estuve más de 7 horas manejando, mi culo me duele, al igual que mi espalda, y para cerrar con broche de oro, cuando llegué, tenía mil notificaciones de correos electrónicos, que la perra de mi jefa me envió, con una cantidad de trabajo exorbitante, pero conmigo la mal cogida, topo con pared, yo soy Alexis Lynes, y puedo con todo. Y su actitud de mierda, a mí la verdad me vale, 3 kilos de v***a, yo necesito esté trabajo, con la cantidad de plata que me van a pagar, cubro los gastos médicos de mi padre, de mi preciosa sobrina, pago mi crédito universitario, y queda suficiente para mí. Es lo único que puedo hacer por mi familia, se los debo, después de todo lo que los he hecho pasar. Así que no me voy a dejar intimidar, por una bruja necesitada de una v***a. Camino hasta mi cocina y veo a mi marido, está preparando café, está semidesnudo Mis grandes luceros azules lo observan, como una gata en celo. ¡Joder este hombre es un Adonis! Su espalda ancha, sus brazos fuertes, esas piernas y ¡Santo Dios, ese culo de infarto!, y esos tatuajes, que tanto me gustan y como buen tóxico tiene en toda su espalda ancha, mi nombre, en letras góticas, abajo tiene con números romanos, la fecha de nuestra boda, adornado con una rosa negra, la verdad es una jodida obra de arte y sobre su trabajada espalda se ve espectacular. Me acerco a él lentamente, con la gracia de una gacela. Eso es lo que necesito una buena follada, para quitarme está puta ansiedad. Llego hasta el perfecto ejemplar, le beso su oído y lo muerdo. —¡Hola papi!—, él se voltea, y me ve como león hambriento, y clava sus luceros grises en mis jugosos y redondos senos. Como animal me lanzo a él, lo beso con pasión y lujuria, mientras, él amansa mis glúteos, siento su dotado m*****o duro como una roca, roza mi coño mojado, que muere por tenerlo dentro, pero primero jugaremos un rato. Joder, quiero chuparlo, como me encanta chupar una buena v***a, y sin duda la de mi marido es un digno ejemplar. Lo dejo de besar, el descarado me mira como perro hambriento, no lo dejo hablar quiero solo sexo, nada de palabras cursis. Me agacho, veo su rostro y él sabe que es lo que haré, me da una risita lasciva y se muerde su carnoso labio superior. Eso hace que mi coño palpite. Mis manos suben hasta sus caderas, y de golpe le bajó su chándal, junto con su bóxer, liberando su grande y venoso falo, puedo ver cómo el pre semen se asoma en su punta, sin ningún preámbulo, lo meto en mi estrecha boca, mi lengua viperina lo enreda, nada más lo escucho gruñir, y arquea sus caderas para follarme mejor mi boca. No doy tregua, lo saco y lo meto, y mi lengua lo envuelve. Mi Adonis me agarra del pelo, y dice en un tono casi ilegible: —¡Joder Lex! Como la glotona que soy sigo mi ataque, me gusta esto, saber que yo puedo enloquecer a quien sea con mi boca, con mi senos, con mi culo, con todo mi cuerpo, me prende, me hace sentir poderosa. Con mis yemas masajeo sus testículos, mientras mi boca lo sigue follando, me empuja más su m*****o, y gustosa lo recibo, escucho como gruñe, acelero mi mamada y mis caricias a sus testículos, y mi Adonis da una última estocada, y siento su leche caliente, espesa y deliciosa cómo llena mi boca, no desperdicio nada y me la trago toda. —Joder Lex… Eso fue—, me incorporo, y me toma con sus enormes manos, y me pega a su cuerpo con rudeza, y me besa —. Mi turno, muñeca. —Si papi—, mi tono es lascivo Mi hombre me recarga en la encimera de la cocina, mis pezones duros sienten lo frio del granito, una corriente de morbo recorre mi lienzo. —¡Joder! Tu culo es una obra de arte—dice susurrando, mientras escucho como se pajea, eso me prende más y hace a mi coño anhelar tenerlo dentro, y enseguida siento cómo el falo de mi marido, me llena, haciéndome gemir de placer, sus acometidas son salvajes, puedo escuchar el sonido de sus testículos chocando con mis nalgas. ¡Joder, como amo el sexo rudo! El infeliz me da un par de nalgadas, no paro de gemir, y decir vulgaridades, mi coño se contrae, está chorreando, y siento como llego aún exquisito orgasmo, mientras mi hombre, me llena con su leche. Erick recarga su lienzo sobre mí, siento su respiración irregular, y me dice: —¡Te amo, Lexi! —¡Yo igual!—, una mentira piadosa, en realidad yo no lo amo, lo quiero, pero, solo es eso, no creo en ese tipo de amor, yo solo siento amor por mi familia, el amor de pareja se me hace la estupidez más grande del mundo. El amor está matando a mi padre, ya que se volvió un alcohólico cuando mi madre murió, y a mi hermana la volvió una amargada resentida. Nada más de acordarme de Luciano, el perro que fue su marido, se me revuelve el estómago, espero que ese hijo de la gran puta, se esté pudriendo en el infierno. Salgo de mis pensamientos, cuando siento los labios de Erick sobre mi hombro, y se incorpora y sale de mí. Yo hago lo mismo, y siento como el semen de mi marido, se escurre por mis muslos, así que me voy directamente a la ducha. Erick trata de detenerme. —¿A dónde vas, amor?—me dice en mi oído usando un tono pervertido, y con sus manos enormes me rodea. —A alistarme para ir a trabajar, cariño. —Sabes que si no quieres trabajar, no tienes por qué hacerlo, amor. —Ese es el punto cariño, quiero hacerlo—, me paro de puntitas y le doy un beso en sus carnosos labios —. Anda se un buen marido y prepárame el desayuno. Me separo de él, y me voy. Siento la mirada de Erick, pero no volteo y sigo mi camino. Cuando nuestra relación termine, no quiero deberle nada a Erick, por qué lo único que sé en esta vida, es que todo tiene un principio y un fin, sé que algún día querré otra cosa y me iré. Soy una perra egoísta, lo sé, soy así y no pretendo cambiar, menos por un hombre. Llego nuevamente a mi recámara, y me meto a bañar, el agua sobre mi lienzo, me termina de relajar, me baño perfectamente, hoy quiero lucir impecable, ya que hoy llegará mi nuevo jefe: «Tobías Kohn» El heredero del imperio millonario, la familia Kohn son dueños de medio mundo, tienen bancos, hoteles, restaurante, bares, teatros, supermercados, esos hijos de puta se pudren en dinero. Mi nuevo jefe acaba de heredar la dinastía, porque su padre murió hace unos meses, eso lo sé, por qué investigué sobre la familia, especialmente de mi nuevo jefe, sé que el infeliz es un mujeriego siempre se le ve con mujeres diferentes, es todo un golfo promiscuo, que estudió en Yale, y se graduó con honores de Ciencias de la economía, que es un hijo de la gran puta, exigente y malvado, pero, supongo que cuando eres dueño del puto mundo, tienes el derecho de serlo. No soy una acosadora, ni nada por el estilo, pero, sé que las personas no son lo que parecen, siempre debes saber quienes te rodean, y que puedes esperar de ellas, la vida me lo hizo saber desde muy joven. Termino de bañarme y salgo desnuda, y me veo en el espejo grande que tiene el baño, me gusta lo que veo, mis grandes senos, mi pequeña cintura, mis caderas prominentes, mis piernas firmes, mi cabellera castaña, y mis hermosos y grandes luceros azules. Soy hermosa, inteligente y sumamente pervertida, y me encanta. Me regalo una risita lasciva, y doy media vuelta, antes de salir me enredo una toalla, estando afuera camino directamente al enorme closet, elijo ponerme un vestido n***o, con un escote prominente, con una pequeña abertura en mi pierna derecha, saco mi lencería negra, y mis tacones negros de aguja. […] Media hora después… Estoy vestida y arreglada, me encanta, cómo luzco. ¡Soy toda una perra empoderada! Mi marido está en el umbral de la puerta, su mirada es oscura. —¡¿No crees, que exageraste un poco?! —No, luzco hermosa. —Eso sin dudarlo, pero…—su mirada baja hasta mis senos. —No empieces, con tus celos absurdos. —No son celos, solo que me caga que todos te miren como pendejos. —Lo bueno es que no son «celos», deja de comportarte como un niñato, mejor vamos a desayunar—, el enorme hombre me acerca a su musculoso lienzo, y me estruja mi trasero. —No son celos, nada más que ¡Tú eres mía, Alexis! Suelto una risita burlona, hombres son tan brutos, siempre queriendo poseer. —Ya papi, no te pongas intenso, ven vamos a desayunar, por qué me tengo que ir. —Está bien, solo que me voy a ir un mes, por asuntos de trabajo, quiero que te portes bien. Erick es agente de inteligencia del FBI, está en el área de tráfico de drogas y armas, por lo poco que me cuenta tienen más de un año, que están detrás de una organización grande. —Hombre deja la toxicidad y vamos a desayunar. El desgraciado se ríe, porque sabe que tengo razón. Pobre Erick, cuando esto termine, se va a poner mal, pero me olvidará con el tiempo. Me toma de la mano y vamos a la cocina y empezamos a desayunar, siento los luceros grises de mi marido sobre mí nuevamente, sé que no se fía de mí, y no lo culpo a veces ni yo me fio de mí. —¿Qué tanto me ves? —Me gusta verte. —Bueno cariño, me tengo que ir, gracias por el desayuno. Me levanto, y Erick toma mi mano. —Te amo, y ya sabes pórtate bien. Me agacho, le doy un beso, y le digo en el oído: —No te preocupes, bebé. —Te hablo mañana, que esté instalado. —Sí. —¡Te amo, Lex! —¡Yo a ti, cariño! Buen viaje—voy al baño me cepillo los dientes, me retoco mi maquillaje, salgo y por último me despido del tóxico. —Ya sabes Lex. No digo nada y pongo mis ojos en blanco, y salgo a gran velocidad, camino hasta el ascensor, entro, y piso el botón del estacionamiento. A veces me pregunto: ¿Por qué me casé, con Erick? Supongo que es por qué el sexo es muy bueno, es un buen hombre y me trata como reina. Las puertas del ascensor se abren, y camino hasta mi área de estacionamiento, llego y veo mi hermoso Ferrari, que me regaló Erick en mi cumpleaños, me acerco y lo acaricio, cómo me gusta, lo voy a disfrutar, porque sé que un día lo tengo que regresar. Me subo en la hermosa y potente máquina, pongo una canción de «Sam Smith», y salgo disparada para mi trabajo. No tardo nada en llegar, miro el reloj y, llegue en tiempo y forma. Llevo una semana aquí, y siempre me impacta la hermosa estructura de más de 60 pisos, toda de cristal color azul marino, que brilla con el sol, y con letras blancas el nombre de: «Grupo Kohn» Camino empoderada, llego hasta mi piso, y siento las miradas, de hombres y mujeres, me gustan que me miren con: Morbo, lujuria y envidia. Escucho a más de uno cuchichear, se me acerca la mal cogida de Gina, me mira con escrutinio, de arriba abajo. —Que bueno que llegaste, el jefe nos está esperando, ¿Terminaste el trabajo?—sus ojos de gata se agrandan. —¡Buen día, Gina! Si, todos los contratos están traducidos: en inglés, francés e italiano, y la presentación está lista, te lo envíe, desde temprano. La bruja me mira incrédula —. Anda vamos a ver al señor Kohn—digo. Ambas caminamos hasta la enorme oficina, con letras en la puerta que dice: «Presidencia» Tocamos, y una voz hosca, fría y grave dice: —Pasen. Entramos, y el hombre está parado, las fotos de la prensa no le hacen justicia a semejante espécimen, va todo de n***o, sus músculos se pueden deslumbrar a través de su traje, su espalda ancha, sus piernas que casi revientan el pantalón, y se ve que tiene un paquete que ¡Jesucristo! Esa barba que en su rostro sensual, luce muy divina, sus luceros mieles, su mirada es turbia y fría, y desprende una aura oscura y misteriosa, que a muchos les causaría miedo, pero a mí, me causa morbo, lujuria, y me ha despertado deseos muy sombríos. ¡Joder, creo que estoy en problemas!
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