capitulo 6

820 Palabras
Sombras..... El aire de la mansión se había vuelto pesado, como si algo invisible se arrastrara entre las paredes. Clara avanzaba con pasos lentos por uno de los pasillos, apoyada en su bastón. A pesar del silencio sepulcral que reinaba, podía sentir que no estaba sola. La sensación de ser observada no la abandonaba desde que había salido de la biblioteca. El eco de sus pasos era irregular, marcado por el sonido metálico del bastón golpeando contra el suelo de mármol. Clara apretó los dedos contra el mango, buscando algo de consuelo en el objeto que siempre había sido una extensión de ella. Aunque su cuerpo era frágil, su determinación seguía intacta. De repente, una sombra cruzó delante de ella, demasiado rápida para que pudiera distinguir qué era. Clara se detuvo en seco, el corazón golpeándole con fuerza en el pecho. —¿Quién está ahí? —preguntó, su voz apenas un susurro que se perdió en la oscuridad. No hubo respuesta. —Clara. La voz profunda y grave de Aidan resonó detrás de ella, y Clara se giró de golpe, encontrándolo a pocos pasos de distancia. Su figura imponente, envuelta en una camisa negra ajustada que dejaba al descubierto sus brazos tatuados, la hizo sentir a la vez pequeña y protegida. —¿Qué haces aquí sola? —preguntó, su tono preocupado mientras se acercaba. —No podía quedarme en la biblioteca —respondió ella, esforzándose por mantener la calma—. Sentía que necesitaba… respirar. Aidan frunció el ceño, mirándola como si estuviera analizando cada uno de sus movimientos. —Es peligroso caminar sola por esta casa, sobre todo ahora. No sabemos qué podría estar despertando con el sello. Clara asintió lentamente, pero antes de que pudiera responder, un estruendo proveniente de una de las habitaciones cercanas hizo que ambos giraran la cabeza. Aidan reaccionó de inmediato, colocando su cuerpo frente al de ella como un escudo. —Quédate detrás de mí —ordenó, su tono firme dejando claro que no era una petición. Clara obedeció, aferrándose con fuerza a su bastón mientras lo seguía. Aidan abrió la puerta de golpe, revelando a Draven en el interior, con una expresión furiosa mientras enfrentaba a Kael. —¿Qué demonios están haciendo? —gruñó Aidan, entrando en la habitación. —Kael no puede mantener la boca cerrada, como siempre —respondió Draven, cruzando los brazos. Su mandíbula estaba tensa, y sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. Kael soltó una risa sarcástica, inclinándose contra la pared. —Solo estaba diciendo la verdad. Todos lo estamos pensando, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta. —¿Y qué verdad es esa? —preguntó Clara, sintiendo cómo la tensión en la habitación aumentaba con cada palabra. Kael la miró con una mezcla de desafío y algo que ella no pudo identificar. —Que no perteneces a este lugar. Que eres una distracción que nos pondrá a todos en peligro. El comentario fue como un golpe directo al pecho, pero Clara no dejó que se notara. Mantuvo la cabeza en alto, devolviéndole la mirada con firmeza. —No pedí estar aquí, Kael. Si pudiera volver a mi vida normal, lo haría en un instante. Pero parece que eso no es una opción, ¿verdad? Kael entrecerró los ojos, como si estuviera evaluándola. Antes de que pudiera responder, Draven se interpuso entre ambos. —Basta. Esto no está ayudando a nadie. Lysander apareció en ese momento, entrando en la habitación con pasos calmados. Su sola presencia parecía apaciguar el ambiente, aunque sus ojos mostraban preocupación. —Algo está cambiando en la casa —dijo, ignorando la discusión—. El sello está reaccionando de nuevo. Aidan maldijo en voz baja, mientras Kael se enderezaba, dejando atrás su actitud desafiante. —¿Qué significa eso? —preguntó Clara, mirando a Lysander. —Significa que lo que sea que está vinculado a ti, Clara, está creciendo en intensidad. Y si no encontramos una forma de controlarlo… podría destruirnos a todos. Las palabras de Lysander hicieron que el silencio se apoderara de la habitación. Clara sintió cómo el peso de su presencia en ese lugar se volvía insoportable. Pero también sabía que no podía rendirse. —Entonces díganme cómo puedo ayudar —dijo finalmente, su voz más fuerte de lo que esperaba—. Si todo esto tiene que ver conmigo, quiero entenderlo. Y quiero enfrentarlo. Los hermanos la miraron, sorprendidos por su determinación. Incluso Kael pareció dudar por un momento antes de desviar la mirada. —Está bien —dijo Aidan después de un momento—. Pero necesitarás nuestra ayuda para lo que venga. Y te prometo que no te dejaremos sola. Clara asintió, sintiendo que algo había cambiado entre ellos. Aunque el miedo seguía ahí, también lo estaba la chispa de algo más. Una conexión que no podía explicar, pero que sabía que sería clave para lo que estaba por venir.
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