Capítulo 45 Tú eres mía Jacinta Justo cuando salía del baño, la puerta se abrió de golpe, y ahí estaba Paul. Me miró con una mezcla de furia y desconcierto, sus ojos destilaban una amenaza que conocía bien. Cerró la puerta tras de sí, dejándome atrapada, y se acercó, inclinándose hacia mí. —¿Qué demonios haces aquí, Jacinta? —Su voz era baja, pero cargada de un enfado, lo cual me puso la piel de gallina—. Te dije claramente que no vinieras a esta fiesta. Te lo prohibí. Tragué saliva, notando cómo mi corazón latía con fuerza. Las palabras se me enredaban en la mente, y me costaba responder. —Yo... yo... necesitaba saber. No podías... —Las palabras se me mezclaban en la boca. No lograba articular bien mis pensamientos. Me sentía atrapada entre las letras que se confundían y el miedo qu

