Capítulo 5

1333 Palabras
Capítulo 5 Daniel Me remuevo incómodo entre las sábanas de mi cama, debido a los rayos del Sol que se filtran por la ventana. Llevo mi mano hacia el otro extremo de la cama, tratando de atraer a la hermosa mujer con la que me case anoche y con la que tuve una experiencia inolvidable. No soy de los que hacen este tipo de cosas con las mujeres, más bien soy de los que se van después de haber saciado su deseo. Sin embargo, esa mujer me despertó las ganas de hacer semejante cosa. Además, ella ahora era mi esposa y tenía todo el derecho de hacerlo. Abro mis ojos algo desorientado al no sentir nada y veo que esa bella mujer no está por ningún lado. Su parte de la cama estaba completamente fría, era como si desde hace horas estuviera completamente vacía. Me levanto abruptamente de la cama y voy directo hacia el baño para ver si está metida en la ducha, no obstante, al entrar en esta veo que está totalmente vacía. No hay nadie. Voy sintiendo como la rabia me va consumiendo por dentro y al mirar el reloj colgado en la pared de la habitación veo que son las 11:00 de la mañana. Solamente espero que esa mujer esté en mi cocina, preparando algo rico de desayunar mientras lleva una de mis camisas. De lo contrario alguien pagará por mi ira si lo que ella hizo fue marcharse, ella no podía hacer eso, puesto que ahora era mi esposa. Luego de buscarla por todo el maldito penjaus y no encontrarla por ningún lugar, no me quedan más dudas de que ella ciertamente se ha marchado. Algo que sin duda me enfureció bastante porque ninguna mujer se había atrevido a hacer semejante cosa antes. Todas morían por amanecer a mi lado y ella simplemente ha escapado. A mi mente llegan todas las cosas que hicimos anoche ella y yo por todo el penjaus. Las posiciones, los gemidos, las súplicas que salían de su boca como si fuera una melodía y toda la sensualidad de su espectacular cuerpo no salían de mi cabeza. Esa desconocida había logrado hacerme sentir lo que ninguna otra mujer había logrado y es por eso que sin perder más el tiempo llamo a Antonio. Él podría encargarse de encontrarla y con los papeles del matrimonio seguro le resultaría fácil. Luego de contarle a Antonio todo lo que había pasado y el por qué mi interés repentino en encontrar a esa mujer. El muy desgraciado no paraba de regañarme por la supuesta estupidez que había cometido. Según él, yo ni siquiera sabía con quién me había casado y por estar bajo la influencia del alcohol había cometido una barbaridad. Ya sabía que tal vez había cometido el error más grande de mi vida y que a lo mejor estaba actuando bajo las influencias de lo ocurrido anoche. Sin embargo, mi orgullo estaba herido, ninguna mujer me había hecho lo que ella y no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Esa mujer no se iba a escapar de mí, así tenga que mover cielo mar y tierra para encontrarla. Ahora que he visto el papel que nos une sé que su nombre es Kamila Hernández y no voy a descansar hasta encontrarla. … Kamila Mis caderas moviéndose hacia delante y hacia atrás a un ritmo constante, llegan a mi cabeza de repente. Recuerdos inolvidables de aquel hombre que dejé atrás hace un mes aquella mañana me invaden. Hay ocasiones en que las que trato de recordar todo lo ocurrido esa noche, pero lo único que recuerdo es su escultural cuerpo. No obstante, siento como si esa noche hubiera pasado algo más, algo que se me ha olvidado y por más que trato no consigo recordar. Solamente sé que me levanté de la cama como un rayo al abrir los ojos, ya que estaba asustada y desorientada por no saber en dónde estaba exactamente. No recordaba mucho de lo sucedido debido a la terrible resaca y sentía mi sexo palpitar con fuerza. Al parecer el que me dieran de manera salvaje por todos lados me había pasado factura. Recuerdo que una vez tuve mi ropa interior puesta como primero me pareció. Había mirado hacia la cama y había visto aquel cabello n***o, pero desde mi ubicación este estaba totalmente de espalda. Por lo que su rostro me fue imposible verlo, solamente tuve una magnífica visita de su espectacular antes de irme. No voy a decir que no sentí curiosidad por ver su rostro antes de irme, pero si me acercaba corría el riesgo de hacer ruido. Así que salí de aquella habitación rápidamente y posteriormente también del hotel; de tal manera que ni siquiera leí el nombre de este. Sin embargo, aún por las prisas podía afirmar que el hombre con el que me acosté era alguien importante, seguramente algún riquillo que estaba acostado a estar con cientos de mujeres. Alguien que de seguro suele ser arrogante y maleducado con los demás. Un sonido a mi lado me hace salir de mis pensamientos y al ver que había sido no sé ni que decir. Paula me había lanzado un zapato y agradecía por su mala puntería, de lo contrario ahora mismo tuviera un buen chichón. – ¿Por qué me lanzaste un zapato? – pregunto por preguntar. –¿Hasta cuándo vas a seguir soñando despierta? ¿En qué planeta vives? Hace días que parece que no fueras tú ¿Tan bien la pasaste con aquel desconocido que ni siquiera le prestas atención a tu mejor amiga? Escucho como Paula me hace pregunta tras pregunta y ni siquiera sé si contestarle con la verdad. Ya que sé perfectamente el carácter que tiene esta chiflada. – ¿Por qué no contestas? –Paula si no te contesto es porque la respuesta a tu pregunta no te va a gustar. Aun así te voy a responder y te diré que nunca en mi vida me había tocado estar con un hombre como él. Uno capaz de hacer realidad cualquiera de tus fantasías sexuales, uno capaz de regalarte los mejores orgasmos de la historia – digo con una sonrisa inmensa en el rostro. –Tú de verdad que no tienes remedio Kamila ¿Aún no recuerdas su rostro o cuál era su nombre? ¿No tienes una idea de que es eso que estás olvidando y que te tiene inquieta? –No recuerdo nada Paula, nada de nada y para colmo esta amnesia me tiene inquieta. No sé como no mire el nombre del hotel antes de marcharme, solamente espero que lo que sea que haya olvidado no sea nada grave. –¿Qué pasa si lo que olvidas es importante? ¿Qué piensas hacer? Una opción es ir al antro de anoche y probar suerte, a lo mejor y te lo encuentras otra vez. –No haré eso, de hecho no haré nada. De seguro ese hombre ni siquiera se acuerda de mí y puede llegar a suponer que si lo busco es para sacarle dinero. Ya sabes cómo son estos ricos de hoy en día. Lo mejor es dejar el tema por terminado, ese sujeto y yo jamás nos volveremos a encontrar. Entre nosotros no hay nada en común. –Está bien, como tú digas. Si eso es lo que quieres entonces dejaremos todo en el recuerdo de un buen polvo. Un polvo que después de un mes aún sigues recordando. Para ambas fue inevitable no reír y luego de eso nos fuimos a dormir. Necesitaba sacarme de la cabeza aquella noche que se había adueñado de mis sueños o estaba segura de que no iba a poder viví en paz. Además, necesitaba descansar de lo que no había remedio, puesto que después de tres años mi hermano había decidido volver a casa. Solamente esperaba que no viniera en plan de querer joderme la vida o lo iba a mandar de una patada al otro lado del mundo otra vez.
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