Mis padres están incrédulos a la noticia. Ellos no sabían nada de mi supuesta infertilidad. Ese secreto lo mantuve para mí. Así que su estado de shock, se debe a que serán abuelos, eso es todo. En cambio, Mike está totalmente confundido por mi arrebato. Le salvé la vida —¡Cariño! —mi madre se pone de pie y yo hago lo mismo—. ¡Felicidades! Me abraza, deja salir algunas lágrimas de alegría, y se regocija ante la buena nueva. —Felicidades, pequeña —mi madre llega a mí, y me besa la cabeza—. No creí que me hicieses abuelo tan pronto. ¡Ni yo! —¿Cuántas semanas tienes? —mi madre coloca su mano en mi vientre. ¿Cómo le digo a la ginecóloga-obstetra de mi madre, que lo más seguro, es que esté embarazada desde el día en que me casé? —No lo sé, debo de ir a ponerme en control. —Mañana te es

