Aún no era medio día, la mañana era completamente soleada y el humor de William parecía haber cambiado como por arte de magia, ya no estaba molesto ni tan preocupado, ahora estaba completamente cautivado por aquellas palabras que había escuchado de la mujer que él también amaba. —No tenemos nada de qué hablar— dijo Daphne con el labio tembloroso, estaba completamente sonrojada al saberse escuchada por William. Este se acercó lentamente y ella comenzó a retroceder hasta chocar con el escritorio. —Sí, si tenemos— respondió él con una voz firme y serena. Necesitaba arreglar ese asunto de una vez por todas y no la dejaría marchar hasta que todo estuviera claro entre ellos. —Fui a ver al abogado— respondió ella elevando su barbilla e ignorando las palabras de su marido. —Lo sé— respondió

