68 Rebecka Ella era tan linda, tan tranquila. Alessandro no se cansaba de observarla a través del cristal, aún no creía que tenía una hermana. —Creo que tendré que aprender a cambiar pañales...—murmuro. Sonreí—Soy buena en ello, puedo enseñarte. —¿Cómo sabes? —Estuve mucho tiempo sola con Ray. Asintió y volvió hacia su hermana. —¿Quieres ir a comer? Asentí rápidamente, el estómago me dolía y rugía del hambre. La cafetería estaba en el piso de arriba, tomamos el elevador, estaba apunto de cerrar la puerta cuando una mano lo impidió, se volvió a abrir dejando ver a Adriel con una sonrisa. Alessandro tenso la mandíbula al verlo. —Permiso...—entró y se acomodó en medio de ambos. Nos quedamos callados. —Así que... ¿desde cuando están juntos?—pregunto. —Unos meses—respo

