Tommy estaba sentado en un sofá en su apartamento, con su portátil abierto frente a él. Sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado mientras revisaba las cámaras de seguridad del despacho. Las imágenes en la pantalla mostraban a Fedra entrando sigilosamente en su oficina. Tommy sonrió para sí mismo, sabiendo que todo iba según su plan. —Perfecto —murmuró, sus ojos se iluminaron satisfechos. Sabía que estaba arriesgando demasiado, pero era necesario. Cada movimiento estaba calculado, y aunque había peligro, Tommy confiaba en su habilidad para mantenerse un paso adelante de Aldo Montemar. Cerró el portátil y se levantó, ajustando su chaqueta. Había algo más que debía hacer esa noche. Salió de su apartamento y al llegar a la calle, se encontró con su nuevo guardaespaldas, un hombre c

