— ¡¿Qué mierda te pensas que haces, estúpido?! —cuestioné histérica intentando mantener el volumen de la voz apenas entré, cerré la puerta con llave para acercarme y pegarle en el pecho dado que estaba sentando en el borde de mi cama. — ¡Estás loco! ¡Mi papá casi llama a la policía, no son horas de venir Franco, estás loco! —Pará, calmate. —me pidió apartándose, pero grité frustrada entre mis manos. —estás loca nena. —Vos estás loco, ¡¿cómo vas a venir a mi casa así a esta ahora haciendo tanto alboroto?! —No me contestabas, ¿qué querés? — ¡Que no vuelvas a hacer esto ni lo que hiciste allá, nunca! —me quejé empujándolo de vuelta pero a pesar de su estado, resistía. — ¡¿Cómo se te ocurre pegarle a alguien así?! ¡Encima estás borracho! —Te estaba… ¡Te agarró mal, Mia! — ¡Pero esas no s

