Un tenso silencio llenó la habitación tras acusar a Sloane, nadie se movía y solo se observaban. Luego, como si tomara una decisión, la mujer compartió una mirada con Anton y seguido se levantó del suelo con una facilidad que le advirtió a Zac que nunca estuvo amarrada como aparentaba. —Sabía que todo este acto no iba a funcionar, pero teníamos que intentarlo —expresó con tono tranquilo. Dirigiéndose hacia el secretario, Sloane le besó metiéndole la lengua a su boca y luego le abrazó acurrucándose contra su costado. —Ya no tiene sentido seguir escondiendo la verdad —sonrió—. Ahora, llama a ese estúpido guardaespaldas entrometido y ordénale que te traiga tu computadora —exigió. —También que traiga todo lo necesario para poder tener acceso a tu dinero —añadió Anton. Observando entre amb

