Luther estaba sufriendo de manera placenteramente tortuosa y lenta. El sabor de su elegido permanecía en su paladar y la sensación de su peso y calidez de su dura polla persistía en su lengua. Y a pesar de su promesa de lamerlo hasta volver a ponerle duro, su chico le rechazo con una suave sonrisa y le mantuvo ahí, arrodillado frente a la cama, observando como permanecía en la misma posición para demostrarle como se preparaba a sí mismo, metiendo sus dedos en su agujerito mientras que con la otra, acariciaba su eje con movimientos perezosos y sensuales. Aquellos ojos azul mar no sabían si concentrarse en la forma en que esos dedos entraban y salían de ese pequeño agujerito apretado y brillante o si admiraban la manera en que esa mano subía y baja con lentitud, tomándose su tiempo para ac

