Miro la hora. El móvil no ha dejado de sonar desde que puse un pie en el restaurante y no le doy importancia. La mujer que duerme con la cabeza sobre mi pecho descansa luego de dos sesiones de sexo y no quiero despertarla, al menos quiero que descanse unas horas más. No quiero ser con ella como con las demás, no quiero que despierte sola y adolorida. Me recuesto de costado tirando de su cintura para tenerla aún más cerca. Mi nariz se pierde en su cabello, inhalo el aroma y no quiero que se me olvide nada nada. Permanezco así un poco más, el sueño no llega y maldigo internamente. No puedo quedarme más tiempo del que ya estuve fuera de casa. 05:30 y la claridad del amanecer entra a la habitación recalcándome que un nuevo día comienza y que tengo responsabilidades. Dos golpes en la puer

