NORA Volví a mi cubículo a seguir buscando ese archivo que no aparecía por ningún lado… hasta que, claro, lo encontré en una carpeta diferente, encima del escritorio. —No me digas… —pensé. Lo agarré sin más y caminé hacia su oficina. Apenas llegué, lo solté con toda la indiferencia del mundo sobre su escritorio. —¿Y esto? —me pregunto. —El archivo —respondí seca, sin ganas de verle la cara, y me di la vuelta sin decir más. Lo sentí clavándome la mirada en la espalda mientras me alejaba. Más tarde, cuando iba a responderle a Valeria por mensaje, una tipa alta, con pinta de modelo y todo, se apareció en mi oficina. —Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarla? —pregunté con mi sonrisa de protocolo bien puesta. Ella me lanzó una mirada de esas que cortan y dijo una sola palabra que me dejó

